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2014: Año Internacional de la Agricultura familiar y Año Internacional de la Cristalografía

Miércoles, 8 de Enero de 2014 Comments off

Comienza el 2014 y con él, la celebración de dos nuevas efemérides: el Año Internacional de la Agricultura Familiar y Año Internacional de la Cristalografía, ambos declarados por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas.

El Año Internacional de la Agricultura Familiar tiene como objetivo aumentar la visibilidad de la agricultura familiar y la agricultura a pequeña escala, destacando su importante papel en la lucha por la erradicación del hambre y la pobreza, la seguridad alimentaria y la nutrición; así como la producción sostenible.

La agricultura familiar incluye todas las actividades agrícolas de base familiar y está relacionada con varios ámbitos del desarrollo rural. Consiste en una forma de clasificar la producción agrícola, forestal, pesquera, pastoril y acuícola gestionada y operada por una familia y que depende principalmente de la mano de obra familiar.

Cristales de sulfato de cobre / wikipedia

Cristales de sulfato de cobre / wikipedia

Tanto en países en desarrollo como en países desarrollados, la agricultura familiar es la forma predominante de agricultura en la producción de alimentos. Por ello, la meta de esta celebración es reposicionar la agricultura familiar en el centro de las políticas agrícolas, ambientales y sociales en las agendas nacionales, identificando lagunas y oportunidades para promover un cambio hacia un desarrollo más equitativo y equilibrado.

Por su parte, el Año Internacional de la Cristalografía pretende otorgar a esta Ciencia la importancia que merece, destacando que la educación en materia de cristalografía y su aplicación son fundamentales para hacer frente a desafíos como las enfermedades y los problemas ambientales, ya que determinan las estructuras utilizadas en el diseño de medicamentos esenciales, así como las soluciones para la contaminación de las plantas y del suelo.

Así, este año conmemorará dos hitos esenciales en este terreno: el centenario de la difracción de rayos X como herramienta para el estudio de la materia cristalina y el 400 aniversario de la observación de simetría en los cristales de hielo (Kepler,1611).

Pero además, no hay que olvidar otras dos efemérides que tendrán lugar durante el 2014. Dos celebraciones que, aunque menos relacionadas con la Ciencia, son igual de importantes: el Año Internacional de Solidaridad con el pueblo palestino y el Año Internacional de los Pequeños Estados Insulares en desarrollo.

Diez claves sobre Derecho espacial (II)

Lunes, 2 de Abril de 2012 Comments off

El escritor, jurista y guionista del programa de Planetario ‘El Juez de la Luna’, Carlos Pérez Vaquero, continúa desgranando el derecho espacial.

¿Cuándo se empezó a regular el derecho espacial?

El 14 de octubre de 1957, los soviéticos lanzaron al espacio el satélite Sputnik 1; de este modo dio comienzo la era espacial y, por primera vez, el ser humano pudo contemplar, desde el espacio exterior, la serena belleza azul de nuestro planeta, iniciándose una frenética carrera entre las antiguas superpotencias del siglo XX –Estados Unidos y la Unión Soviética– por ser los primeros en conquistar esa nueva frontera; como consecuencia, también surgió la necesidad de establecer unas nuevas “reglas de juego” y aquí, la ONU ha venido desempeñando desde entonces un papel fundamental.

¿Qué es el Corpus Iuris Spatialis?

Imagen de la sesión de Planetario 'El Juez de la Luna'

Imagen de la sesión de Planetario 'El Juez de la Luna'

En 1958 –tan sólo un año después del lanzamiento del Sputnik– la Asamblea General de las Naciones Unidas creó el Comité para la Utilización Pacífica del Espacio Exterior, con dos subcomités: uno científico y otro jurídico.

Como resultado, el 13 de diciembre de 1963, se aprobó la Declaración de los Principios Jurídicos que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del Espacio Ultraterrestre; disposición que cimentó los principios básicos de este derecho:

o   Libertad de acceso a todo el espacio así como a la órbita geoestacionaria, a pesar de las actuales reivindicaciones de algunos países (Ecuador y Colombia).

o   Igualdad de todos los Estados, sin discriminación alguna, para explorar y utilizar el espacio ultraterrestre, la Luna y otros cuerpos celestes en condiciones de igualdad, de acuerdo con el derecho internacional.

o   Cooperación: para que todos los países contribuyan a promover la ciencia y la tecnología espaciales en provecho de todos.

o   Ayuda y auxilio a los astronautas en caso de accidente, así como facilitar su regreso y la restitución de los objetos caídos.

o   Responsabilidad de los Estados: absoluta por todos los daños que cause el objeto que hayan lanzado, aunque la actividad espacial no sea pública sino privada.

o   Fines pacíficos: se prohíbe la colocación en órbita de armas de destrucción masiva.

o   No reivindicación: para que nadie pueda apropiarse del espacio ni de cualquier cuerpo celeste ni reivindicar su soberanía.

A partir de entonces, fruto del esfuerzo de Naciones Unidas por impulsar la aplicación al Espacio del Derecho Internacional y sus principios, hoy podemos hablar de un verdadero Corpus Iuris Spatialis, un Derecho del Espacio formado por cinco grandes tratados y otros documentos internacionales. Los primeros, tienen plena eficacia en todos los países que los hayan suscrito y son:

  • El Tratado General del Espacio: de 1966 –conocido como la Carta Magna del Espacio– establece las bases jurídicas para poder utilizar el espacio ultraterrestre:

o   Que más allá de la Tierra, el espacio, la Luna y los demás cuerpos celestes sólo pueden emplearse en provecho de todos los países y en las mismas condiciones de igualdad;

o   Que ningún país se puede apropiar de ellos, ni reivindicar su soberanía; de ahí el timo de quienes ofrecen parcelas en la Luna. Aunque es cierto que los tratados sólo hablan de países –y no de empresas o de particulares– nadie puede vender aquéllo que no le pertenece y que, obviamente, tampoco posee, porque de ese modo no se transmite la propiedad y el negocio sería nulo. Es tan ridículo como pretender vender el cometa Halley, un anillo de Saturno o una mancha solar;

o   Y, finalmente, todas estas actividades deben realizarse en favor de la paz y no para obtener beneficios.

Tanto estas bases como aquellos principios enunciados en 1963 fueron desarrollados en otros dos convenios posteriores:

  • Acuerdo de 19 de diciembre de 1967 sobre salvamento y la devolución de astronautas y la restitución de objetos lanzados al espacio ultraterrestre; o el
  • Convenio de 29 de noviembre de 1971 sobre la responsabilidad internacional por daños causados por objetos espaciales.

Finalmente, hay que mencionar dos tratados más

  • El Convenio de 12 de noviembre de 1974 sobre registro de objetos lanzados al espacio ultraterrestre, donde se indica que el Estado de lanzamiento es quien tiene la jurisdicción y el control sobre el objeto y el personal que se desplace dentro de él.
  • Y el llamado Tratado de la Luna, de 1979, donde se aprobó que nuestro satélite y los demás cuerpos celestes del sistema solar son Patrimonio Común de la Humanidad (Art. 11); de esta forma, se trató de impedir que la exploración –y, sobre todo, la explotación de sus recursos– pudieran generar conflictos, afirmando que la Luna no puede ser objeto de apropiación de ningún país.

Junto a esas normas –que, como dijimos, son obligatorias para los Estados que ratifiquen los Tratados– existen otros principios que sólo son recomendaciones. Desde los años 80, las Naciones Unidas han aprobado estas cuatro disposiciones:

o   Principios que han de regir la utilización por los Estados de satélites artificiales de la Tierra para las transmisiones internacionales directas por televisión (10 de diciembre de 1982);

o   Principios relativos a la teleobservación de la Tierra desde el espacio (3 de diciembre de 1986);

o   Principios pertinentes a la utilización de fuentes de energía nuclear en el espacio ultraterrestre (14 de diciembre de 1992); y

o   Declaración sobre la cooperación internacional en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre en beneficio e interés de todos los Estados, teniendo especialmente en cuenta las necesidades de los países en desarrollo (13 de diciembre de 1996).

En total, diez documentos de la Asamblea de la ONU regulan el espacio ultraterrestre.

Diez claves sobre derecho espacial (I)

Miércoles, 7 de Marzo de 2012 Comments off

El 25 de septiembre de 2010, el periódico británico Sunday Times causó un gran revuelo en todo el mundo al publicar la noticia de que la astrofísica malaya Mazlan Othman había sido nombrada embajadora de las Naciones Unidas para el Espacio, con el objetivo de coordinar la respuesta de la Tierra ante una posible comunicación con seres extraterrestres.

La información corrió como la pólvora y –a pesar de que tanto la ONU como la propia interesada negaron inmediatamente los hechos– todos los medios internacionales se hicieron eco de aquel bulo sobre la supuesta alien ambassador.

Siendo positivos, esta noticia ha vuelto a poner de actualidad una de las ramas más desconocidas del Derecho Internacional: el Derecho del Espacio. Un sector jurídico relativamente joven que iremos desgranando en varios capítulos de la mano del escritor y jurista, Carlos Pérez Vaquero, quien además es guionista del programa de Planetario del Museo de la Ciencia de Valladolid, el Juez de la Luna. A continuación los dos primeros puntos.

Introducción

El Derecho Internacional del Espacio surgió contracorriente. Si el proceso normativo habitual es que cada país legisle sobre una determinada materia y que, posteriormente, se reúna con otras naciones para tratar de acercar sus regulaciones y suscribir un acuerdo internacional, con el espacio ocurrió justo lo contrario: primero surgió el Derecho Internacional –con meras recomendaciones, lo que se conoce con el término anglosajón de soft law (derecho suave o blando)- y tratados internacionales al amparo de las Naciones Unidas– y, en un segundo momento, posterior, fue cuando los países empezaron a tener en cuenta ese conjunto de normas internacionales a la hora de regular este ámbito en su propio ordenamiento jurídico interno.

Sólo existen otras dos materias en las que haya ocurrido un proceso similar: los Derechos Humanos y el Derecho Internacional del Medio Ambiente.

¿Dónde comienza el espacio?

Aunque se trata de una pregunta evidente, sorprende que desde un punto de vista jurídico no tenga respuesta.

Sabemos que un país aplica sus propias leyes sobre las famosas 12 millas de su mar territorial, incluyendo el espacio aéreo, por encima, y el lecho marino y el fondo del mar, por debajo; pero ¿hasta qué altura llega ese espacio aéreo? ¿Dónde acaba la atmósfera y empieza el espacio exterior? No existe ningún tratado internacional que establezca el límite del espacio ultraterrestre; a pesar de ello, algunos países –como Australia– y organizaciones –como la Federación Aeronáutica Internacional– sitúan esa frontera entre la atmósfera y el espacio exterior en los 100 km. sobre el nivel del mar. Es la llamada Línea de Kármán, en homenaje al apellido de un científico húngaro. Para que tengamos una imagen más visual de esta línea, se correspondería justo con esa panorámica de nuestro planeta donde la Tierra aparece rodeada por una especie de halo blanquiazul, antes de perderse en la espesura negra del espacio exterior. Más o menos, a esa altura la densidad de la atmósfera es tan baja que una aeronave ya no puede volar con normalidad.

¿Existe algún precedente jurídico anterior al desarrollo de la carrera espacial?

Fue muy posterior a los novelistas que se adelantaron a su época con el género de la ciencia ficción –algunos tan conocidos como Julio Verne y su novela De la Tierra a la Luna (la primera obra que trató el tema de los viajes espaciales desde un punto de vista científico con tanto acierto que, cuando la escribió en 1865, ya aventuró que los cohetes saldrían al espacio desde la península de Florida, o que los primeros lanzamientos serían tripulados por animales, como sucedió con la perra Laika, en 1957) frente a completos desconocidos, caso del ruso Konstantin Tsiolkovsky y sus Sueños de la Tierra y el cielo (1885)– lo cierto es que, desde un punto de vista jurídico, el primer antecedente que se conoce se remonta a 1932, cuando el abogado checo Vladimir Mandl publicó su libro El derecho espacial. Un problema de viajar a través del espacio donde remarcó, precisamente, que el Derecho del espacio debía ser una rama jurídica independiente pero regida por los principios del derecho del mar y la ley del aire.

Veinte años más tarde, retomó el debate un profesor de la Universidad de Colonia (Alemania), Alex Meyer, durante el III Congreso Internacional Astronáutico que se celebró en Stútgart (1952) al afirmar que en el futuro, las naciones deberán llevar a cabo un convenio en el que acordarán abstenerse de utilizar el espacio exterior con fines bélicos.

¿Cuándo se comenzó a regular esta materia? ¿Qué es el Corpus Iuris Spatialis? ¿Existen acuerdos internacionales sobre esta materia? Éstas y otras muchas más preguntas encontrarán respuesta en capítulos sucesivos.

Imagen de la sesión de Planetario El Juez de la Luna

Imagen de la sesión de Planetario El Juez de la Luna

Por un futuro sostenible

Lunes, 20 de Febrero de 2012 Comments off

Uno de los grandes retos que se ha fijado para los próximos años la Organización General de las Naciones Unidas (ONU) es conseguir que todos tengamos acceso en 2030 a la energía eficiente y respetuosa con el medio ambiente. No se trata de defender cualquier fomento de la energía, sino que se apuesta por el acceso a la energía sostenible, aquella que se produce y se usa para apoyar a largo plazo el desarrollo humano en el ámbito social, económico y ecológico.

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Por eso este año 2012, reconociendo la importancia de la energía para el desarrollo sostenible, la ONU lo ha proclamado ‘Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos’, una apuesta clara por mejorar la calidad de vida y por conservar el medio ambiente.
Por eso este año 2012, reconociendo la importancia de la energía para el desarrollo sostenible, la ONU lo ha proclamado ‘Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos’, una apuesta clara por mejorar la calidad de vida y por conservar el medio ambiente.


El acceso a la energía

Una de cada cinco personas en nuestro planeta no tiene acceso a los sistemas modernos de energía (en total, 1.400 millones de personas). Esta cifra se duplica hasta alcanzar los 3.000 millones cuando se habla de quienes dependen del carbón, la madera o la biomasa tradicional para cocinar y calentarse. Hoy en día, nos puede parecer imposible que haya personas sin ella, pero la realidad es bien distinta: 1.500 millones de personas carecen de electricidad, así como hay millones de pobres que no pueden pagar los servicios energéticos, incluso si están disponibles.


Consumo voraz

La nota dominante en los países desarrollados y en los países en vías de desarrollo es el aumento del consumo de energía, lo que acarrea una excesiva dependencia energética. Este exceso de demanda encuentra su explicación si se echa la vista atrás. A lo largo de los años, el ser humano se ha hecho cada vez más dependiente de los recursos energéticos. A día de hoy, la vida sin iluminación, calefacción, refrigeración o transporte es impensable.

Esta dependencia energética, que conduce a una crisis mundial, se debe en definitiva al consumo voraz de combustibles fósiles, de recursos no renovables, que han mejorado visiblemente la calidad de vida de los países industrializados, los mayores consumistas. Y éste es precisamente el objetivo de los países en vías de desarrollo que, por imitación, intentan seguir este modelo aunque acabe siendo dañino para la sociedad. Por ello, la mayor parte de la estructura de oferta de energía primaria, más del 90% a nivel mundial, está basada en petróleo, gas y carbón, recursos que tarde o temprano acabarán agotándose. Además, hay que tener en cuenta que se tratan de fuentes de energía que producen contaminación, un incremento en las emisiones de gases efecto invernadero y, como resultado, un aumento del calentamiento global.

¿Es necesario un nuevo modelo de desarrollo?

Satisfacer tal voracidad energética no es tarea fácil y continuar con el modelo que actualmente prevalece es una misión suicida. De ahí que la ONU apueste por una nueva alternativa que ayudaría a reducir la pobreza y a mejorar las condiciones y el nivel de vida de la mayoría de la población mundial.  La organización ha planteado el reto de asegurar el acceso universal a la energía moderna, y a éste van unidos otros dos objetivos: doblar la tasa de eficiencia energética y doblar también el uso de las energías renovables.

¿Cómo conseguirlo?

La ONU se centra principalmente en dos caminos: la tecnología y las políticas energéticas. Es primordial invertir en tecnología energética menos contaminante y capaz de adaptarse al cambio climático; y mejorar el acceso a recursos y servicios energéticos fiables, viables económicamente y ecológicos para el desarrollo sostenible. Además, se deben transferir y difundir tecnologías  a escala mundial para utilizar en mayor medida las fuentes de energía nuevas y renovables y para ampliar la prospección de fuentes adicionales menos contaminantes.

De igual manera, es fundamental que las estrategias y políticas nacionales combinen un mayor uso de fuentes de energía nuevas y renovables y de tecnologías de baja emisión de gases de efecto invernadero, así como también se hace indispensable la promoción del desarrollo y la difusión de tecnologías energéticas adecuadas, asequibles y sostenibles.

La implantación de las energías renovables

Los recursos que actualmente consumimos, desde el punto de vista de la energía, parece que tienen otro reloj, otra evolución que no comulga con el ritmo frenético de crecimiento de la sociedad moderna. Es impensable que esta progresión se adapte a los escasos recursos naturales existentes y, por ello, la ONU pone especial interés en las energías renovables, aquellos recursos que son capaces de renovarse ilimitadamente – como la energía eólica, solar, geotérmica, hidráulica, mareomotriz, nuclear o la biomasa.


Una llamada global

El ‘Año Internacional de la Energía Sostenible’ no deja de ser una llamada de atención al mundo en general;  una conmemoración que deben tener muy en cuenta los gobiernos, las empresas y las personas. Un pacto mundial al que se debe llegar para asegurar el futuro de nuestro planeta y mejorar la situación de millones de personas. Debe ser, en definitiva, una toma de conciencia global. Ahora  toca reflexionar sobre este tema de vital importancia y conseguir entre todos que en el año 2030 el acceso a la energía sostenible sea universal. Es tiempo de crecer caminando de la mano de la sostenibilidad.


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El Museo de la Ciencia de Valladolid se unirá a esta iniciativa con la exposición ‘Enchufados al Sol. Transporte hacia la transparencia’. Una muestra cuya temática girará en torno al coche eléctrico y a la energía sostenible, y que será presentada durante el primer cuatrimestre de este año 2012.

Fuentes:

Web oficial de la ONU

Web oficial de la Unión Europea

– Ambiente y Desarrollo en América Latina (Ambiental.net): “La energía en el mundo hacia 2025

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