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Concurso de dibujo ‘¿Cómo es para ti un científico o científica?’

Jueves, 26 de Noviembre de 2015 Comments off

Creativos, imaginativos, originales… Y de gran calidad. Así han sido los más de 200 dibujos presentados en esta edición al concurso ‘¿Cómo es para ti un científico o científica?’. Un certamen organizado por el Museo de la Ciencia y la Consejería de Fomento y Medio Ambiente, a través del PRAE, con motivo de la Noche Europea de los Investigadores.

El pasado 20 de noviembre, durante la Semana de la Ciencia, el Auditorio del Museo acogió la entrega de premios de este concurso. Un acto que contó con la presencia de los 6 ganadores, tres por cada categoría, quienes recibieron diferentes regalos educativos, además de diplomas acreditativos.

A continuación, os presentamos los dibujos ganadores:

 

Categoría de 6 a 10 años

 

1º Premio: “Las hadas científicas”

Carla Corral Zakour

Carla Corral Zakour

Carla Corral Zakour

 

2º Premio: “Con Ciencia”

Sara Lázaro Martín

Sara Lázaro Martín

Sara Lázaro Martín

 

3º Premio: “Inventando lo que no está inventado”

Matías Soto Otero

Matías Soto Otero

Matías Soto Otero

 

Categoría de 11 a 14 años
1º Premio: “En busca de nuevas oportunidades”

Carolina Camarero Carrascal

Carolina Camarero Carrascal

Carolina Camarero Carrascal

 

2º Premio: “La Ciencia está en todas partes”

Alba Rey Cortés

Alba Rey Cortés

Alba Rey Cortés

 

3º Premio: “Los investigadores ¡NO! están locos”

Sofía Ojero Vela

Sofía Ojero Vela

Sofía Ojero Vela

 

Tras el acto, tuvo lugar el espectáculo teatral dirigido a público familiar ‘¿Cómo comes?’, un espectáculo participativo, recomendado para niños a partir de 4 años, en el que la actriz Erica González mostró a los más pequeños los secretos de la alimentación.

 

Premiados del concurso '¿Cómo es para ti un científico o científica?'

Premiados del concurso ‘¿Cómo es para ti un científico o científica?’

Relatos ganadores del V Concurso de relato breve “La Ciencia y tú”

Lunes, 20 de Abril de 2015 Comments off

El Museo de la Ciencia de Valladolid y El Norte de Castilla entregaron el viernes 17 de abril los premios del V concurso de relato breve “la Ciencia y tú”. Un certamen que en esta ocasión tuvo como tema principal la luz, enmarcándose así en el Año Internacional de la Luz y de las Tecnologías basadas en la Luz.

La directora del Museo, Inés Rodríguez Hidalgo,  que resaltó el incremento de la participación y la calidad de los relatos presentados, fue la encargada de presentar el acto; mientras que Javier Escribano, director de la unidad de negocios digitales de El Norte de Castilla; Miguel Ángel Delgado, autor del libro “Tesla y la conspiración de la luz”; José Ramón Alonso, autor de “Neurozapping” y “Dispara tu primero y otras historias de la neurociencia”; y Carlos Aganzo, director de El Norte de Castilla leyeron los relatos e hicieron entrega de los premios.

De esta forma, Esther San Juan Vigo fue la ganadora de la categoría infantil y juvenil, con su relato “No sin mis electrones”; Aleta Duque García, se hizo con el premio del público gracias a “Luces del norte”, y dos relatos fueron premiados ex aequo en la categoría general: “Sueños eléctricos”, de Mariano Gómez García, y “Años Luz”, de Basilio Ruiz Cobo.

Todos los premiados asistieron al acto, a excepción de Basilio Ruiz Cobo, con quien se conectó a través de Skype.

Tras la entrega de premios, que congregó a cerca de 300 personas, tuvo lugar el espectáculo “Matemáticas + Química = ¡magia! La magia de la Tabla Periódica”, un evento organizado por el Aula de Cultura de El Norte de Castilla.

PREMIO CATEGORÍA INFANTIL JUVENIL  – ESTHER SAN JUAN VIGO

Hoy mi madre nos ha levantado gritando “¡Llegamos tarde, no ha sonado el despertador! Se ha ido la luz”
Así que como  no hay electricidad no funciona el microondas; y nos toca desayunar galletas y un vasito de agua. Salimos de casa y tenemos que bajar andando  seis pisos hasta el garaje para coger el coche. Cuando llegamos a la puerta, nos damos cuenta de que no se abre “¡evidente, no hay luz!”. Desandamos el camino y subimos hasta la planta baja .Ya en la calle empezamos a andar, sabiendo lo tarde  que llegamos. En el camino al colegio, vemos a la profesora. Seguro que es ella. ¡Ja Ja! También llega tarde. Los semáforos no funcionan, tenemos que ir sorteando los coches y cruzar las calles corriendo.
Llegamos al colegio y… ¡no hay pizarras electrónicas!”. Tenemos que usar unas cosas blancas alargadas que sueltan mucho polvo y escribir sobre una pizarra muy antigua, que antes estaba de adorno.
Cuando acaban las clases nos dirigimos al comedor, la cocinera nos tiene una sorpresa. No funciona la cocina y tenemos que comer bocadillos; nos guste o no (siendo sincera es mejor que el repollo que nos ponen algunos días).
Los minutos pasan muy despacio. Y por fin llega la hora de ir a casa y de ponerme a hacer los deberes. Nos han mandado buscar el significado de algunas palabras. ¡Sin ordenador!  ¡Con el diccionario! Páginas adelante, páginas atrás. Está resultando algo difícil.   Mientras oigo gritar a mi hermano ¡no funciona la videoconsola!”
Cenamos a “lo romántico”, con muchas velas y bocatas de nuevo. Y rapidito que no hay muchas velas. Así que prontito a la cama, cosa que agradezco porque el día ha sido muy largo.
Empiezo a relajarme en la cama y comienza a sonar “pi, pi, piiiiiiii”. Me despierto. Es el despertador. Todo había sido un sueño. O más bien, una pesadilla. ¡Gracias  Franklin! ¡Gracias Volta! ¡Gracias por hacerme la vida más fácil!

“No sin mis electrones”

Hoy mi madre nos ha levantado gritando “¡Llegamos tarde, no ha sonado el despertador! Se ha ido la luz”

Así que como  no hay electricidad no funciona el microondas; y nos toca desayunar galletas y un vasito de agua. Salimos de casa y tenemos que bajar andando  seis pisos hasta el garaje para coger el coche. Cuando llegamos a la puerta, nos damos cuenta de que no se abre “¡evidente, no hay luz!”. Desandamos el camino y subimos hasta la planta baja .Ya en la calle empezamos a andar, sabiendo lo tarde  que llegamos. En el camino al colegio, vemos a la profesora. Seguro que es ella. ¡Ja Ja! También llega tarde. Los semáforos no funcionan, tenemos que ir sorteando los coches y cruzar las calles corriendo.

Llegamos al colegio y… ¡no hay pizarras electrónicas!”. Tenemos que usar unas cosas blancas alargadas que sueltan mucho polvo y escribir sobre una pizarra muy antigua, que antes estaba de adorno.

Cuando acaban las clases nos dirigimos al comedor, la cocinera nos tiene una sorpresa. No funciona la cocina y tenemos que comer bocadillos; nos guste o no (siendo sincera es mejor que el repollo que nos ponen algunos días).

Los minutos pasan muy despacio. Y por fin llega la hora de ir a casa y de ponerme a hacer los deberes. Nos han mandado buscar el significado de algunas palabras. ¡Sin ordenador!  ¡Con el diccionario! Páginas adelante, páginas atrás. Está resultando algo difícil.   Mientras oigo gritar a mi hermano ¡no funciona la videoconsola!”

Cenamos a “lo romántico”, con muchas velas y bocatas de nuevo. Y rapidito que no hay muchas velas. Así que prontito a la cama, cosa que agradezco porque el día ha sido muy largo.

Empiezo a relajarme en la cama y comienza a sonar “pi, pi, piiiiiiii”. Me despierto. Es el despertador. Todo había sido un sueño. O más bien, una pesadilla. ¡Gracias  Franklin! ¡Gracias Volta! ¡Gracias por hacerme la vida más fácil!


PREMIO CATEGORÍA GENERAL  – BASILIO RUIZ COBO

“Años luz”

Hacía frío. Aurora se acercó al interruptor con el piloto rojo. Justo antes de pulsarlo le invadió el recuerdo de la noche en que oyó por primera vez la expresión “años luz”.

Tendría seis o siete años. Su padre estaba enseñándole un libro con dibujos de constelaciones y pronunciando nombres que sonaban a héroes y gigantes, a joyas y princesas: Orión, Betelgeuse, Rigel, Bellatrix…

-Y ésta es Sirio, una estrella blanca, la más brillante del cielo. Está a diez años luz.

Al oír esas dos palabras, años luz, le invadió un sentimiento azul, fresco y veloz. Como lo que sentía el primer día de las vacaciones del verano, al tirarse de cabeza a la poza del río. A Aurora, muchas veces, se le cruzaban los sentidos, sobre todo cuando algo le producía placer: el olor del café recién hecho era para ella de color azul cobalto; el pan tostado le sabía a oro viejo; las manos ásperas de su padre cuando la llevaba al colegio eran, claramente, del color y el aroma del tabaco.

Esa noche, cuando calculó que todos estarían dormidos, salió al balcón, con las palabras años luz resonando en su mente, y trepando por el alfeizar de la ventana, llegó al tejadillo. La noche estaba fría. Se tumbó sobre las tejas y buscó un poco. Y allí estaba Orión, con sus estrellas con nombres de héroes, gigantes, joyas y princesas. Y un poco más abajo, como un fogonazo de luz con sabor nata, Sirio, con sus años luz frescos, azules y veloces. Se quedó dormida. Cuando se despertó estaba aterida, encogida sobre las tejas. La mañana siguiente la pasó en cama. Con fiebre.

Aurora pulsó el interruptor con el piloto rojo. Con un ligero crujido la compuerta de la cúpula del telescopio empezó a abrirse. Y al poco se le llenaron los ojos de luz de estrellas con olor a café y sabor a pan tostado, de luz con la aspereza de tabaco de las manos de su padre llevándola al colegio, con el azul fresco y veloz de la zambullida en el río. Con la felicidad que te inunda el pecho cuando los sueños llenos de años luz empiezan a cumplirse.


PREMIO CATEGORÍA GENERAL – MARIANO GÓMEZ GARCÍA

“Sueños eléctricos”

Amanece lentamente en la gran urbe. El sol asoma su ígneo rostro, poco a poco al principio, casi diríase que con algo de temor, con reservas. Acaba de doblegar a la noche, que ya huye despavorida, y aún no cree a pies juntillas en su victoria.

En el séptimo piso de un gran edificio, duerme tranquilamente un hombre. Su sueño se ve alterado, de repente, por la llamada de su despertador. Mientras se agita, pensando incluso en no levantarse, empieza  a escuchar las noticias del día por la radio, que se ha puesto en marcha automáticamente desde el propio reloj. Decidido ya a saltar de la cama, se dirige al cuarto de baño, contemplando la ciudad a sus pies, que se despereza como un gato inmenso. Miles de ventanas iluminadas atestiguan que los hombres se incorporan, un día más, a sus tareas.

Su cuarto de baño está iluminado por suaves halógenos, que invitan al recreo y al cuidado del cuerpo, al tiempo que la vista reposa sobre los tonos blancos y acerados de la estancia. Se oye una música suave, y sobre el gran espejo que preside la habitación, se ilumina una pantalla de ordenador, incorporada al mueble, que comienza a informar a nuestro hombre sobre los avatares del mercado bursátil y sobre su correo pendiente. Ya afeitado, se mete en la ducha de hidromasaje, que ha memorizado hace mucho tiempo las dimensiones de su cuerpo, facilitando que los múltiples chorros de agua impacten con la presión adecuada en los puntos necesarios.

Hay un delicioso aroma a café en la vivienda, y el murmullo de la ciudad, el abigarrado son de tantos seres humanos, de tantas historias de vida y de muerte entremezcladas, lucha por vencer al aislamiento del edificio para así penetrar en su fría calma interior, sin conseguirlo. La cafetera automática, programada la noche anterior, ya está en silencio, y el hombre comienza a ojear las noticias de la prensa escrita en la enorme televisión del salón comedor, conectada a internet. Habrá que abrigarse, parece; el viento del norte ataca de nuevo; será cuestión de elevar ligeramente la temperatura de la calefacción…

…un trueno rasga el aire cruel de la mañana, y la lluvia castiga, inmisericorde, las colinas cercanas. Ruge el tigre de colmillos de sable en la lejanía, y el hombre despierta aterrado, empapado de sudor, preso todavía en su reciente sueño. Mira sus manos en busca de todas aquellas imágenes que contemplaba hace escasos minutos; observa a sus congéneres y abre la boca para dirigirles la balbuceante palabra… y se echa a llorar desesperadamente ante el recuerdo imposible del futuro paraíso perdido.


PREMIO DEL PÚBLICO – ALETA DUQUE GARCÍA

“Las Luces del norte”

El Noticiario (9 febrero 2018): La inauguración de los XXIII Juegos Olímpicos de Invierno que tuvo lugar ayer en Pyeongchang (Corea del Sur) sorprendió a todo el mundo con su número final. Confirmando los rumores más insistentes, en torno a las 21:30 (hora local), la ceremonia se detuvo y la bóveda celeste se vio inundada por las inmensas ondas vibrantes de una aurora polar… [Continúa en página 8]

Finanzas al día (3 marzo 2018): Tras años de intenso desarrollo, trabajando en estricto secreto, Auroralis Inc. ha presentado oficialmente esta mañana Aurora Lux, un producto capaz de crear auroras polares en cualquier lugar del mundo y momento del día. “Gracias a su patentado sistema de alta energía, las auroras generadas por Aurora Lux presentan una gran estabilidad y la más alta definición”, declaró el presidente de la compañía. “Es un producto pensado para dar un toque único a grandes eventos y festejos. Además, no produce ningún tipo de contaminación acústica o emisiones de partículas, como ocurre en el caso de los convencionales fuegos artificiales”.

Extracto publicitario (15 noviembre 2019): ¿Quiere disfrutar de uno de los espectáculos más bellos de la Tierra sin moverse de casa? La tecnología avanzada de Aurora Lux Doméstica, le asegura que en breves momentos usted podrá conseguir una pequeña aurora sobre su jardín, que se mantendrá durante 30 minutos garantizados para el disfrute de usted y sus invitados. Dele un toque exclusivo a sus celebraciones y deje que Aurora Lux Doméstica ilumine sus momentos más especiales.

Viajeros (26 febrero 2025): A la vista del numeroso grupo de turistas que nos hemos congregado esta noche bajo el cielo de las Islas Svalbard, parece que las viejas Luces del Norte no han perdido su encanto. Hablamos con Ingrid Grundlist, nuestra guía, y le preguntamos su opinión sobre la competencia que suponen las recientes recreaciones artificiales. “En los primeros años sí que notamos una disminución de la demanda; sin embargo, en mi opinión, es sólo una moda pasajera. Aparte de los posibles efectos medioambientales que ahora se están investigando, no es algo comparable con la grandeza de una auténtica aurora. Quiero decir, al final, cuando observamos una aurora boreal, lo que vemos es la energía resultante de la colisión entre partículas arrastradas desde el Sol y las de nuestra atmósfera, contemplamos una manifestación del universo. Y eso no se puede sustituir por un espectáculo de luces, ¿no crees?”.

Premiados, organizadores y patrocinadores del evento

Premiados, organizadores y patrocinadores del evento

Instrucciones para las votaciones del Premio del público del V certamen de relato corto “La Ciencia y tú”

Viernes, 27 de Marzo de 2015 Comments off
Cartel del V concurso relato breve "La Ciencia y tú"

Cartel del V concurso relato breve "La Ciencia y tú"

El plazo de presentación de trabajos al V concurso de relato breve “la Ciencia y tú” ha finalizado. Un certamen organizado por el Museo de la Ciencia de Valladolid y El Norte de Castilla que, en esta ocasión, ha tenido como tema central la luz. Como novedad en esta edición, el público podrá votar, de entre los 3  finalistas, su relato favorito, siguiendo unas sencillas instrucciones.

  • Cada relato llevará asociado un número del 1 al 3, pudiendo el público votar por su favorito del 27 de marzo al 9 de abril.
  • Las votaciones se realizarán a través de twitter.
  • Para participar será obligatorio ser seguidor de twitter del Museo de la Ciencia de Valladolid (@Mciencia_Va) y el Norte de Castilla (@nortecastilla), mencionando a ambas instituciones en el tweet enviado.
  • En el texto del tweet habrá que indicar el hashtag del evento #lacienciaytú5 , seguido del relato seleccionado (#1, #2 o #3) (ejemplo: @Mciencia_Va @nortecastilla mi voto para #lacienciaytú5 es el relato #2)

Cada persona podrá votar una sola vez y entre todos los participantes se sortearán dos entradas generales dobles para visitar el Museo de la Ciencia. Se  comunicará los ganadores vía twitter y posteriormente se contactará con ellos para el envío de los datos pertinentes.

Premiados del concurso de dibujo “¿Cómo es para tí un científico o científica?

Lunes, 10 de Noviembre de 2014 Comments off

El Museo de la Ciencia de Valladolid y el PRAE entregaron el viernes 7 de noviembre los premios del concurso de dibujo “¿Cómo es para ti un científico o científica?”.

Un certamen, convocado en el marco de la Noche de los Investigadores 2014, cuyo objetivo es acercar la figura de los investigadores al público infantil y juvenil, además de modificar la errónea imagen del científico chiflado que el cine y la literatura muestran a menudo.

Así, de entre más de 100 dibujos, el jurado, eligió a los siguientes ganadores:

CATEGORÍA I:

1º premio: Ruth Revilla Reguera (Cervera de Pisurega, palencia) – ¡Haciendo un ordenador!

2º premio: Álvaro Planas Esquerdo (Valladolid) – El científico pensador

3º premio: Sofía Abad García (Cervera de Pisuerga, Palencia) – El huerto científico.

CATEGORÍA II:

1º premio: Candela Hermosa Cardenal (Ligüezana, Palencia)- Todos somos científicos

2º premio: María Redondo Ochandiano (Resoba, Palencia) – El científico que creó el ébola cura

3º premio: Alejandra Álvarez Grande (Valladolid).

¡Enhorabuena a todos ellos!

1º premio categoría I: Ruth Revilla Reguera

1º premio categoría I: Ruth Revilla Reguera

2º premio categoría I: Álvaro Planas Esquerdo

2º premio categoría I: Álvaro Planas Esquerdo

3º premio categoría I: Sofía Abad García

3º premio categoría I: Sofía Abad García

1º premio categoría II: Candela Hermoso Cardenal

1º premio categoría II: Candela Hermoso Cardenal

2º premio categoría II: María Redondo Ochandiano

2º premio categoría II: María Redondo Ochandiano

3º premio categoría II: Alejandra Álvarez Grande

3º premio categoría II: Alejandra Álvarez Grande

“35P/Herschel-Rigollet: soy un cometa”, relato ganador del IV certamen “La Ciencia y tú” (Margarita Gómez, cat.especial)

Lunes, 24 de Marzo de 2014 Comments off

Las luces se apagan y la sombra de  Carolina Herschel se pasea entre los visitantes que permanecen sentados en la sala del Planetario del Museo de la Ciencia. La música del oboe que acompañó su infancia se desliza por el ambiente y cuando la voz en off comienza a explicar las maravillas del Cosmos, ella rememora su vida.

Su infancia, marcada por la dualidad entre su madre, que quería para ella una educación femenina propia del siglo XVIII en el cual nació, y su padre, que la abrió los horizontes de la cultura y  la condujo,  tras su muerte,  a abandonar su hogar en Alemania y trasladarse con su hermano William a la corte de rey  Jorge III, en Inglaterra. Siguiéndole a él  comenzó sus estudios de astronomía y tener su propio observatorio fue uno de sus sueños conseguidos.

Soñar…, el ambiente invita a soñar.

Al mirar el cielo estrellado del planetario, recuerda la ilusión de ser nombrada ayudante  de su hermano: el astrónomo del Rey.

Juntos descubrieron mil estrellas dobles. ¡Cuántas horas de observación¡ ¡Cuantas noches mirando al cielo¡ calculando, describiendo, explicándose, preguntándose… demostrando que existe gravedad fuera del sistema solar.

Y luego seguir trabajando, ella independientemente, descubrir  ocho cometas, nebulosas, hacer catálogos, incansable, inagotable, persistente en el esfuerzo, que reconocieron sus contemporáneos, a pesar de su condición de mujer , con la medalla de oro de la Royal Astronomical Society.

Carolina sonríe al recordar  la polémica cuando la nombraron miembro de la Real Academia Iralndesa o cuando poco antes de su muerte y ya de vuelta en Hannover recibió la Medalla de Oro de las Ciencias del rey Federico-Guillermo de Prusia.

Una vida prolija, dilatada, 97 años  entregados a indagar en la inmensidad del  Universo que nos rodea y que ahora se apaga entre el aplauso de los espectadores que han viajado, sin saberlo, junto con la primera mujer astrónoma profesional.

“Visita de madrugada”, relato ganador del IV certamen “La Ciencia y tú” (Laura Valerio Núñez, cat. infantil – juvenil)

Lunes, 24 de Marzo de 2014 Comments off

Más de tres horas rodeada de catetos e hipotenusas. En efecto, hablo de las magníficas y divertidas matemáticas. Cabezazo tras cabezazo comencé a adormecerme, mis párpados se deslizaban como un esquiador profesional en la nieve. No podía más, finalmente caí rendida.

Mecida en un plácido sueño, me precipité de golpe en una especia de ciudad griega. De frente, llamó mi atención un grandioso templo de grandes columnas. La curiosidad me pudo y mis pasos me llevaron hasta allí.

Para mi sorpresa, un hombre alto y pálido, vestido con una túnica desahogada y unas simples sandalias marrones, se percató de mi presencia y asustado, se le cayeron torpemente los pergaminos que sostenía al suelo. Me acerqué a ayudarle y tras volverlos a recuperar y colocarlos cuidadosamente  me miró agradecido. Entre tanta anotación, números por un lado, formulas por otro, se trataba una vez más de las  matemáticas. ¿Sería ese hombre uno de los más grandes matemáticos de la historia?

Él me preguntó sobre mi interés en el tema y tras avasallarme a preguntas, Él comenzó a explicarme todo con tal sencillez y seguridad que acabe comprendiendo todo como nunca lo habría imaginado.

Pii pi pii pi pii pi. Las siete. Sobresaltada me desperté miré a mi izquierda y derecha y comencé a volver a la realidad.

Mientras sumergía mis galletas en la taza del desayuno rememoré mi aventura griega con una cara un tanto desencajada. Nunca olvidaré aquella bella clase en la cual aprendí a aprender soñando con mi admirado Pitágoras.

“Súper mamá”, relato ganador del IV certamen “La Ciencia y tú” (Aleta Duque García, cat.general)

Lunes, 24 de Marzo de 2014 Comments off

Cuando oscurecía, el cobertizo brillaba tenuemente con una luz verdosa. Alguna vez que Irène la llevaba a buscar a mamá a la salida de sus clases, pasaban frente a la Escuela y lo veía resplandecer, allá al fondo. A Ève le asustaba, porque había luz, pero ya nadie trabajaba allí. Durante un tiempo había creído que sus padres habían capturado un dragón, que echaba humo negro y fuego verde por la boca, y que ahora vivía encerrado en el viejo laboratorio. Más tarde le explicaron que no se trataba de ningún dragón, sino de unas piedras que venían de un agujero muy profundo bajo la tierra y que lanzaban rayos invisibles, lo cual no resultaba menos misterioso. “No seas tonta” le decía su hermana “no existen la magia ni los fantasmas, sólo es ciencia”.

Sabía que mamá y papá habían hecho cosas importantes y hasta habían ganado una medalla por ello, pero había muchas cosas en el laboratorio de mamá que no entendía y le daban miedo: el olor desagradable, los extraños gorgoteos y silbidos, los cacharros con formas extrañas, las palabras largas y enrevesadas que sonaban tan mal… Irène la llamaba miedica y se burlaba de ella. Pero no era justo, porque a Irène siempre la habían gustado esas cosas, se le daban bien. “Es una Curie pura” solía decir su abuelo. En cambio, a Ève la llamaba “Nuestra pequeña artista”, o, como prefería expresarlo su madre, “Ève tiene la cabeza llena de pájaros”.

Para tranquilizarla sobre esos rayos invisibles que tanto la habían inquietado últimamente, mamá le había enseñado lo que algunos de ellos, ya bien conocidos, podían hacer: ¡ver a través de las personas! Ève se apuró pensando que mamá iba a descubrir quién se había comido furtivamente la última galleta; la vería allí dentro, justo al lado de la sopa y el estofado del almuerzo. Pero en vez de usar sus poderes para mirar dentro de su barriga, mamá le enseñó unas láminas en blanco y negro, donde aparecían unos huesos. Y le fue explicando que eso eran diferentes partes del cuerpo, algunas de papá cuando estaba vivo, otras de la propia mamá, una de cuando Irène se rompió un brazo. Y eso era bueno porque los médicos lo podían usar para saber dónde estaba el problema y curar a los enfermos, le explicó.

Dicen que el conocimiento cura el miedo, pero aquélla noche Ève se desvistió a toda prisa, se metió de un salto en la cama y se cubrió con la manta hasta la cabeza, pues estaba segura de que detrás de las cortinas se escondía un sonriente esqueleto.

Relatos ganadores del certamen literario “La Ciencia y tú: 10 años de Ciencia”

Lunes, 24 de Junio de 2013 Comments off
Celebración 10º aniversario del Museo de la Ciencia

Celebración 10º aniversario del Museo de la Ciencia

Por tercer año consecutivo, el Museo de la Ciencia de Valladolid y El Norte de Castilla convocaron el mes de abril de 2013 el certamen literario “La Ciencia y tú”.  Una edición  que tuvo como tema “10 años de Ciencia” y en el que se han diferenciado tres categorías: general, mayores de 16 años; infantil y juvenil, menores de 16; y premio especial, para el mejor relato relacionado con el Museo.

De entre todos los textos recibidos, sólo 3 consiguieron alzarse con los premios: Rosana  Largo, Julia Calañas y Víctor Manuel del Pozo. La entrega de trofeos tuvo lugar el 30 de abril, coincidiendo con la celebración del 10º aniversario del Museo de la Ciencia. Un evento al que asistieron familiares e invitados, y  en el que se dieron cita  importantes personalidades: el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva; el director general de El Norte de Castilla, Ignacio Pérez; el juez y escritor, Ignacio Martín Verona; y la escritora, Marisol Ortiz de Zárate.

¿Queréis leer los relatos premiados? ¡Ya están disponibles en nuestro blog!

Premio de la categoría de adultos: “Currículum Vitae”, de Rosana Largo Rodríguez años.

Premio de la categoría infantil: El Museo de la Ciencia y yo”, de Julia Calañas Prieto (13 años).

Premio especial para el relato de tema vinculado al Museo: “10 años sin fantasmas”, de Víctor Manuel del Pozo Gómez

Premio categoría especial del concurso “La Ciencia y tu”: “10 años sin fantasmas”, de Víctor Manuel del Pozo Gómez

Lunes, 24 de Junio de 2013 Comments off

Premio de la categoría especial del concurso literario “la Ciencia y tú: 10 años de Ciencia”: “10 años sin fantasmas”, de VÍctor M. del Pozo. Entrega el premio el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva; y el director general de El Norte de Castilla, Ignacio Pérez.

RELATO:

Víctor Manuel del Pozo recoge el premio.

Víctor Manuel del Pozo recoge el premio.

Han pasado ya diez años desde que los fantasmas se fueron. En realidad nadie notó nunca su presencia en caso contrario, nadie hubiese apostado nunca por mí.

Resulta fácil imaginarme allí abandonado, olvidado, en la más absoluta indigencia y con la única compañía de las ratas, y claro está, los fantasmas.

Eran dos, Herminio, el antiguo portero de la fábrica cuyo espíritu se negó a abandonar el edificio después de aparecer muerto a la mañana siguiente de una noche de guardia, y Matilde, víctima de aquel desagradable accidente… mejor no hablar de eso.

Mi relación con ellos era cordial. Nunca tuvieron intenciones hostiles, sino más bien buscaban compañía, al igual que yo. Teníamos demasiado en común. Habíamos sido olvidados por el mundo, y éramos presa fácil de la soledad.

Los días pasaban en procesión, todos igual de grises, hasta el día en que llegaron aquellos hombres. Personajes trajeados, con cascos amarillos, aparecieron una mañana y comenzaron a recorrer todas y cada una de las habitaciones.

Pronto vino la época de las excavadoras, los albañiles, pintores y demás obreros. Para entonces, Herminio y Matilde ya se habían ido. No se despidieron, simplemente un día sin más empecé a extrañar su presencia que antaño tanto me incomodaba.

Poco a poco el proyecto fue tomando forma. ¡Estaban ocurriendo demasiadas cosas para poder estar pendiente de todas ellas! Por doquier iban instalándose luces, placas informativas o maquinas a las que ellos llamaban “Experimentos”. Un sistema solar de plástico, un embalse en miniatura, un planetario electrónico… ¡Aquello era increíble!

El día de la gran inauguración todo el mundo rebosaba alegría. El optimismo se respiraba en el ambiente. Un centenar de personas esperaba ansiosa a la apertura para poder contemplar el resultado de aquello de lo que tanto se hablaba en la ciudad.

Como decía, han pasado diez años de todo aquello. La soledad y el abandono que antaño me rodeaban han sido remplazados por la contagiosa risa de los escolares.

Debo confesar que antaño muchas veces vi segura mi muerte, mi desaparición. Un derrumbe, una demolición. Sin embargo, ahora me siento nuevamente querido, valorado. Soy una parte importante de esta ciudad. Soy el Museo de la Ciencia.

Premio categoría infantil del concurso “La Ciencia y tu”: “10 años de Ciencia”, de Julia Calañas Prieto

Lunes, 24 de Junio de 2013 Comments off

Premio de la categoría infantil/juvenil del concurso literario “la Ciencia y tú: 10 años de Ciencia”: “10 años de Ciencia”, Julia Calañas Prieto. Entrega el premio la escritora, Marisol Ortiz de Zárate.

RELATO:

Julia Calañas Prieto recoge su premio

Julia Calañas Prieto recoge su premio

La ciencia. Yo creo que es una de las cosas que más rápido evoluciona. Hay veces que las cosas cambian tan lentamente que ni siquiera nos damos cuenta, pero la ciencia en estos últimos diez años ha cambiado tanto y tan rápido nuestras vidas que ha pasado lo contrario a lo que he escrito antes: ha sido tan rápido que no nos damos cuenta de la cantidad de cosas nuevas que podemos hacer con ella cada día.

Por esta razón creo que es una buena idea recordarlo con el décimo aniversario del Museo de la Ciencia de Valladolid. La verdad es que para la ciencia diez años son un tiempo en el que se hacen un montón de avances que cambian la vida de las personas haciéndola mucho más cómoda y fácil. Desde el correo electrónico con Gmail o Yahoo! al Tuenti, Facebook o Twitter, cosas con las que la mayoría de adolescentes aseguran que no pueden vivir. El WhatsApp, Line… cada vez resulta más fácil comunicarse con la gente.

Pero no nos damos cuenta por lo rápido que pasamos de tener una cosa a otra. Los que más lo notan son las personas mayores, que si “no manejo las modernidades de ahora” o “ayúdame con esto”, “eso en mis tiempos no lo teníamos”… ¿Quién no lo ha escuchado alguna vez? Mi vida ha cambiado un montón gracias a las nuevas tecnologías y los avances… De tener correo electrónico y comunicarme con mis amigas casi de mes en mes, he pasado con el WhatsApp a estar en contacto con ellas todo el día. De no poder practicar cosas que me hacían falta de algunas asignaturas he pasado a poder buscarlas en Internet, en páginas web… Incluso las clases las damos con proyector, cañón y ordenador, ahora captan más la atención de los alumnos (lo digo por experiencia, me lo estoy pasando mucho mejor en clase y aprendo más).

Pero aparte de eso, la ciencia avanza en más campos: la medicina, por ejemplo. Las vacunas nuevas son más rápidas y hay mucha menos gente que muere por enfermedades. Gracias a tan sólo diez años de ciencia. ¿Cuánto más se podrá inventar en otros veinte años o treinta? No se sabe, nadie lo sabe, pero, curiosamente, todos creemos, esperamos y, de alguna forma, sabemos que todo va a cambiar más en un mundo ya sumergido de lleno en la tecnología.

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