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Entrega de premios del concurso de relato breve ‘Heredarás la Tierra’

Martes, 24 de mayo de 2016
Foto de familia de la entrega de premios 'Heredarás la Tierra'

Foto de familia de la entrega de premios ‘Heredarás la Tierra’

El Museo de la Ciencia de Valladolid y el Norte de Castilla entregaron el viernes 20 de mayo los premios del VI concurso de relato breve ‘La Ciencia y tú’. Un certamen que ha alcanzado su sexta edición y que en esta ocasión propuso el tema ‘Heredarás la Tierra’.

El jurado, formado por ambas entidades organizadoras, ha tenido en cuenta la  originalidad de los trabajos, la adecuación al tema propuesto y la calidad en la redacción.  De esta forma, Basilio Ruiz Cobo, de Tenerife, ha ganado la categoría general con su relato ‘Te voy a regalar el viento en el alcornoque’; mientras que el brasileño Alejandro Cortés Flórez, de 14 años de edad, se ha alzado con el premio en la categoría infantil – juvenil, con ‘Un mensaje del futuro’.

En esta línea, la recepción de relatos procedentes de diferentes partes de España y el mundo demuestra la consolidación del certamen, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

Además, teniendo en cuenta el talento demostrado en función de su edad, el jurado decidió brindar una mención extraordinaria, dentro de la categoría infantil – juvenil, a la vallisoletana Carmen Fernández García, estudiante de 7 años del colegio Elvira Lindo de Arroyo de la Encomienda.

Por último el premio del público, votado a través de la red social twitter, ha recaído en el también vallisoletano, Víctor Manuel del Pozo Gómez, con su relato ‘Un nuevo comienzo’.

Los encargados de repartir los premios, consistentes en carnés de amigos del Museo de la Ciencia, libros firmados e invitaciones a catas, fueron Javier Aganzo, director de El Norte de Castilla; Inés Rodríguez Hidalgo, directora del Museo de la Ciencia; y los escritores, Clara Grima Ruiz y David G. Jara.

A continuación, os dejamos los relatos ganadores.

 

TE VOY A REGALAR EL VIENTO EN EL ALCORNOQUE

CATEGORÍA GENERAL – BASILIO RUIZ COBO

Basilio Ruiz Cobo en su conexión vía skype

Basilio Ruiz Cobo en su conexión vía skype

Constancio entró despacio en la habitación de su nieta. ¿Puede haber algo más hermoso que una niña de dos años dormida con el sol en la cara?

Comenzó a susurrar para no despertarla. “Alicia, esta mañana tu mamá se fue tan rápido al trabajo que no pude decírselo: es maligno, y tiene metástasis, y me quedará un año o año y medio. Y me da mucha rabia porque no me da tiempo a enseñarte lo importante. Verás: Vas a heredar todo lo que tengo. Y ¿sabes? Soy inmensamente rico: Tengo el pecho tan lleno de felicidad que me va a estallar por las costuras de las costillas; y tengo la luminosa liviandad de tu abuela a los 20 años y las arrugas de reír que tenía antes de morir; y tengo las manadas de trompas grises y blancos colmillos; y el ruido silencioso de los cocodrilos sumergiéndose en la tarde del rio; y las gotas de rocío atrapadas en la transparencia de la tela de araña; y el humo de leña interrumpido por el campanilleo de ovejas al atardecer de los pueblos del norte de Castilla; y el brío en las crines de los potros salvajes; y el cariño en los ojos avergonzados de los amigos que vendrán a verme cuando vaya a morir.”

“Para que puedas heredar el mundo tienes que aprender a aprehenderlo. Tienes, Alicia, que aprender a querer saber y así, sólo así, aprenderás a saber querer. Tienes que aprender lo que son el ribosoma, el jacobiano y el floema; el solutrense, los piroclastos y el gluón; la serotonina, los cuásares y el hipotálamo. Tienes que aprender por qué nace una flor, entender el olor de la lluvia, el ulular de un búho, y por qué es necesaria la muerte para que brille la vida, delicada y breve, pujante y pertinaz… incluso con metástasis…”

– Ummm ¡Hola, Buelito! ¿Vamos a ir al paaque?

– Buenos días, Ali. Claro, claro, pero antes vamos a desayunar y luego vamos a ver un alcornoque muy viejo ¿sabes? y vamos a escondernos entre las ramas y te voy a regalar el viento…

 

UN MENSAJE DEL FUTURO

CATEGORÍA INFANTIL  JUVENIL – ALEJANDRO CORTÉS FLÓREZ

Vídeo mandado desde Brasil por Alejandro Cortés Flores

Vídeo mandado desde Brasil por Alejandro Cortés Flores

De aquella tarde, lo único que recuerdo es que estaba presentando mi proyecto que consistía en una máquina capaz de conducir la materia a la velocidad de la luz, sin desintegrarla. Cuando volví en mí, me encontraba en un lugar desértico, con un calor abrasador y tanta sed como nunca antes había tenido.

Aquello no podía ser un sueño; pues esta vez el reloj de arena que cronometraba mis expediciones oníricas, no estaba presente. Sólo sabía que necesitaba con urgencia beber agua. Como por arte de magia, apareció un navío en medio de la arena que dejaba a su paso inmensas olas doradas. El capitán, un hombre de cabellos color plata, me lanzó un rollo de papel que tenía la textura de las alas de las libélulas y una botella color cielo llena de agua.

Desatendiendo a mi sed, abrí el rollo y encontré la siguiente leyenda escrita con mi propia
letra: A través de los tiempos, heredarás la tierra; cultivarás en ella el fruto de tu consciencia. Sí cuidas de tu casa, del aire y de las aguas que son tu patrimonio, legarás a tu estirpe el mundo que forjaste; si depredas tu hábitat, el corazón del tiempo se enfermará de muerte y el suelo que heredaste será una pesadilla. Con cariño, tu yo futuro.

Cuando terminé de leer la última línea, me encontré aterrizando en medio de fuertes turbulencias. En un lapso de tiempo que me pareció eterno, el avión se posó sobre el suelo, al tiempo que una voz metálica anunciaba el arribo al aeropuerto de mi ciudad. Al descender, los pasajeros celebraban emocionados el milagro de haber sobrevivido a aquel vuelo en donde por un momento se perdió el control. Sin mucha claridad sobre lo ocurrido, caminé como un autómata y recuperé mi equipaje. Cuando llegué a mi casa mis padres me enseñaron el periódico del colegio en donde mi fotografía fue publicada alabando mi presentación en la Feria de Ciencia Ficción. Yo me limitaba a sonreír, pues no tenía ninguna historia verosímil para contarles.

Cuando me retiré a mi habitación, encontré en mi equipaje un papel con textura de alas de libélula y una botella color cielo que viajaron conmigo desde alguna parte. Ahora tenía una razón más para seguir creyendo que el presente que no es más que nuestro propio futuro visto desde otro ángulo de eso que llamamos tiempo.

HEREDARÁS LA TIERRA

MENCIÓN EXTRAORDINARIA – CARMEN FERNÁNDEZ GARCÍA

La escritora Clara Grima jutnoa la ganadora Carmen Fernández García

La escritora Clara Grima jutnoa la ganadora Carmen Fernández García

Había una vez un Reino en el que los habitantes eran muy derrochadores. Ese Reino estaba muy lejos y nadie lo conocía. Hace muchos años era un lugar precioso, con un medio ambiente muy cuidado, pero llegó un Señor llamado D. Gastón, que era muy derrochador y un día fue de picnic, estaba haciendo tonterías con el agua y gastó tanto agua que de repente cayó un caracol de la fuente y lo quiso como mascota.

Don Gastón decidió llevarle al bosque, y pensó que sería su casa, así que cortó un árbol centenario para hacerle una casa a su mascota, el caracol llamado “Lentín”. La madera que sobró la tiró a la basura que ni siquiera cabía. Así que para que cupiese mejor la cortó y repartió trozos de madera por todas las papeleras del pueblo y como tampoco cabían se fue a una ciudad y tiró todo lo demás al contenedor del vidrio.

Pero lo vio la minúscula Hada Natura, que por supuesto se lo dijo a Dña. Ambiente, quien rápidamente fue a casa de D. Gastón aunque era muy de noche. El Hada Natura y Dña. Ambiente se introdujeron en sus sueños y D. Gastón soñó que sus hijos heredarían la tierra… En ese mismo instante se despertó y decidió cuidar mucho el medio ambiente. Recuperó el árbol que tiró para hacer ventanas y puertas para los habitantes que lo necesitaban, y también casas para otros animales amigos de “Lentín”.

Los habitantes de ese Reino ya no tuvieron frío en sus casas y decidieron cuidar los árboles del bosque, el agua y toda la naturaleza porque se dieron cuenta que así el Reino sería más agradable para vivir y gracias a la Ciencia podrían reutilizar los recursos naturales que tenían.

 

UN NUEVO COMIENZO

PREMIO DEL PÚBLICO – VÍCTOR MANUEL DEL POZO GÓMEZ

La directora del Museo junto a Víctor Manuel del Pozo Gómez

La directora del Museo junto a Víctor Manuel del Pozo Gómez

El día en que todo cambió amaneció como cualquier otro. La negra nube de contaminación se cernía sobre Valladolid. Nada nuevo. Preparaba una infusión de rocas africanas con la poca agua desalinizada que me restaba, cuando alguien llamó a la puerta.
– ¡Tienes que venir! ¡Rápido! – Arturo parecía bastante excitado.
– ¿Qué sucede? – quise saber.
– Coge tu soporte vital y vámonos. Te lo explicaré por el camino. Pero no lo hizo.
Conducía su locomóvil en silencio por la avenida de Salamanca, alimentando ocasionalmente a la insaciable caldera. Probablemente iba pensando en lo tarde que la humanidad comprendió que los combustibles fósiles eran una amenaza. Un anciano cruzó la calle arrastrando un carrito con el indispensable oxígeno. Hacía años que nadie podía salir al exterior sin bombona. Me entretuve mirando a aquel hombre de unos treinta años de edad. En otros tiempos habría sido joven, sin embargo, en este entorno hostil su vida tocaba a su fin. Arturo también debió reparar en él porque me preguntó:
– ¿Qué mundo quieres dejar a tus hijos cuando mueras?
– Sabes perfectamente que no tengo hijos. – repuse.
– Supón que los tuvieras, ¿Qué clase de mundo te gustaría dejarles?
– Desde luego, no este mundo.
Recordé las historias de mi abuelo acerca de un cielo siempre azul, de cientos de pájaros capaces de oscurecer algo llamado sol, de árboles frondosos y verdes. Quisiera dejar a mis hijos un mundo así, pero sabía que era imposible pues mi abuelo había vivido en otra época, antes de que la última planta se secara, y de que el ultimo animal se extinguiera.
– ¡Ya hemos llegado! – exclamó triunfal Arturo. Señaló las ruinas del antiguo museo de la ciencia, destruido durante la guerra del petróleo y añadió – Es ahí.
Agarré mi pesada bombona y lo seguí por la montaña de escombros. En la parte más alta Arturo esperaba agachado junto a un pequeño montón de tierra arrastrada por el viento de la cuenca por donde antaño fluyera el rio Pisuerga. Me acerqué para ver lo que miraba.
– ¿Es…? – inquirí incrédulo, pues jamás había visto una. Él asintió. – Pensé que ya no existían, que se habían extinguido hace décadas… ¡Es preciosa!, no ¡es fabulosa!
– Es todo eso y más. – con suma ternura acarició con las yemas de sus dedos los pétalos rosados de la flor. – Es un nuevo comienzo.

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