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Premio categoría especial del concurso “La Ciencia y tu”: “10 años sin fantasmas”, de Víctor Manuel del Pozo Gómez

Lunes, 24 de Junio de 2013

Premio de la categoría especial del concurso literario “la Ciencia y tú: 10 años de Ciencia”: “10 años sin fantasmas”, de VÍctor M. del Pozo. Entrega el premio el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva; y el director general de El Norte de Castilla, Ignacio Pérez.

RELATO:

Víctor Manuel del Pozo recoge el premio.

Víctor Manuel del Pozo recoge el premio.

Han pasado ya diez años desde que los fantasmas se fueron. En realidad nadie notó nunca su presencia en caso contrario, nadie hubiese apostado nunca por mí.

Resulta fácil imaginarme allí abandonado, olvidado, en la más absoluta indigencia y con la única compañía de las ratas, y claro está, los fantasmas.

Eran dos, Herminio, el antiguo portero de la fábrica cuyo espíritu se negó a abandonar el edificio después de aparecer muerto a la mañana siguiente de una noche de guardia, y Matilde, víctima de aquel desagradable accidente… mejor no hablar de eso.

Mi relación con ellos era cordial. Nunca tuvieron intenciones hostiles, sino más bien buscaban compañía, al igual que yo. Teníamos demasiado en común. Habíamos sido olvidados por el mundo, y éramos presa fácil de la soledad.

Los días pasaban en procesión, todos igual de grises, hasta el día en que llegaron aquellos hombres. Personajes trajeados, con cascos amarillos, aparecieron una mañana y comenzaron a recorrer todas y cada una de las habitaciones.

Pronto vino la época de las excavadoras, los albañiles, pintores y demás obreros. Para entonces, Herminio y Matilde ya se habían ido. No se despidieron, simplemente un día sin más empecé a extrañar su presencia que antaño tanto me incomodaba.

Poco a poco el proyecto fue tomando forma. ¡Estaban ocurriendo demasiadas cosas para poder estar pendiente de todas ellas! Por doquier iban instalándose luces, placas informativas o maquinas a las que ellos llamaban “Experimentos”. Un sistema solar de plástico, un embalse en miniatura, un planetario electrónico… ¡Aquello era increíble!

El día de la gran inauguración todo el mundo rebosaba alegría. El optimismo se respiraba en el ambiente. Un centenar de personas esperaba ansiosa a la apertura para poder contemplar el resultado de aquello de lo que tanto se hablaba en la ciudad.

Como decía, han pasado diez años de todo aquello. La soledad y el abandono que antaño me rodeaban han sido remplazados por la contagiosa risa de los escolares.

Debo confesar que antaño muchas veces vi segura mi muerte, mi desaparición. Un derrumbe, una demolición. Sin embargo, ahora me siento nuevamente querido, valorado. Soy una parte importante de esta ciudad. Soy el Museo de la Ciencia.

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