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Archivo para Julio, 2015

Árboles singulares en Valladolid

Viernes, 10 de Julio de 2015 Comments off
El periodo más tórrido del año, generalmente circunscrito a los meses de julio y agosto, supone, en el ámbito de la naturaleza, algo así como un ‘stand by’ medioambiental, un momento de relajación y calma que se activa una vez toca a su fin el convulso periodo primaveral. Muchas de las plantas que con sus flores transformaron los paisajes monocromáticos en paletas de pintor, han llegado al ocaso de su ciclo vital y ahora, agostadas, transforman los verdes campos en extensos lienzos pajizos que, estoicamente, soportan los rigores del implacable sol de mediodía. La cubierta arbustiva y arbórea de los bosques, riberas y parques ha adoptado el definitivo tono aceitunado con que se mostrarán hasta la llegada del otoño; mientras, la frenética actividad reproductora a la que muchas aves se habían entregado durante los meses anteriores, se ha sosegado con la emancipación de la mayoría de los jóvenes retoños. Pero esto no implica que la observación de la naturaleza nos esté vetada hasta los albores del otoño. Los rigores climáticos del periodo estival invitan a permanecer a resguardo la mayor parte del día, a la espera de que el termómetro nos dé un respiro. Y es durante estos periodos de temperaturas más llevaderas, generalmente durante la mañana o ya cerca del crepúsculo, cuando podemos echarnos a las calles y plazas, y recorrerlas en busca de esos rincones donde se encuentran los ejemplares arbóreos más emblemáticos de la ciudad. 38 ejemplares distribuidos por todo el casco urbano y que han sido catalogados en el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) como de especial protección en virtud de su edad, porte, forma o rareza en el contexto urbano.
Como cabe esperar de un catálogo de árboles urbanos, la mayor parte de los especímenes pertenecen a especies alóctonas, ya que, por tradición, el arbolado urbano se ha nutrido de especies de otros lugares del mundo, bien por sus características morfológicas, bien por su rareza o adaptabilidad. En este primer grupo se encuentran las imponentes sequoias de los barrios de la Victoria y la Overuela, ambas con cerca de 200 años de edad y más de 35 metros de altura; los cedros de El Campo Grande, Plaza San Pablo, Arco Ladrillo, Paseo Juan Carlos Primero o el vivero forestal, todos ellos con alturas que oscilan entre los 20 y 25 metros; los cipreses de Campo Alba y el instituto Zorrilla; el sauce llorón y el olmo siberiano del Paseo de Las Moreras; o la albizia de la calle Urano en el barrio de La Victoria, ejemplar incluido en el catálogo en virtud de su rareza en la ciudad.
Entre las especies propias de la península ibérica destacan la gran encina del Campo Grande, que con sus más de 25 metros de altura se erige como uno de los arboles más impresionantes del parque; el tejo del Viejo Coso, también de gran interés al ser una especie adaptada a ambientes más húmedos y frescos; el álamo negro del Campo Grande, con alrededor de 30 metros de altura; el saúco de la calle Santuario, perteneciente a una especie que suele presentar porte arbustivo, pero que en el caso de este ejemplar, con más de 80 años de edad, el porte es arbóreo y presenta varios troncos principales; o los almeces del Paseo del Cementerio, otra especie con escasa representación en la ciudad.
Contemplar estos árboles vetustos o de enormes dimensiones puede servirnos de acicate para reflexionar sobre cuál debe ser nuestro papel dentro de este impresionante entramado que es la biodiversidad, así como sobre cuáles son las actitudes que, como beneficiarios de la misma, debemos adoptar. El Museo de la Ciencia quiere contribuir a nuestra reflexión sobre estas dos ideas e invita a los ciudadanos a visitar la exposición ‘Enarbolar, Grandes árboles para la vida’ y conocer el significado que estos gigantes ancianos tienen para la sociedad y para los habitantes de los pueblos y ciudades en los que se ubican.
Las fotos corresponden a la sequoia del canal de Castilla, en el barrio de La Victoria, y a los cedros de la plaza de La Trinidad. En el siguiente enlace puedes acceder a una aplicación que ubica geográficamente los ejemplares y muestra una imagen de cada uno de ellos.
https://www.google.com/maps/d/viewer?mid=z_dwEBgdrBDo.kMSH_CerFMwU&hl=en_US
Cedros de la plaza de La Trinidad

Cedros de la plaza de La Trinidad

El periodo más tórrido del año, generalmente circunscrito a los meses de julio y agosto, supone, en el ámbito de la naturaleza, algo así como un ‘stand by’ medioambiental, un momento de relajación y calma que se activa una vez toca a su fin el convulso periodo primaveral.

Muchas de las plantas que con sus flores transformaron los paisajes monocromáticos en paletas de pintor, han llegado al ocaso de su ciclo vital y ahora, agostadas, transforman los verdes campos en extensos lienzos pajizos que, estoicamente, soportan los rigores del implacable sol de mediodía. La cubierta arbustiva y arbórea de los bosques, riberas y parques ha adoptado el definitivo tono aceitunado con que se mostrarán hasta la llegada del otoño; mientras, la frenética actividad reproductora a la que muchas aves se habían entregado durante los meses anteriores, se ha sosegado con la emancipación de la mayoría de los jóvenes retoños.

Pero esto no implica que la observación de la naturaleza nos esté vetada hasta los albores del otoño. Los rigores climáticos del periodo estival invitan a permanecer a resguardo la mayor parte del día, a la espera de que el termómetro nos dé un respiro. Y es durante estos periodos de temperaturas más llevaderas, generalmente durante la mañana o ya cerca del crepúsculo, cuando podemos echarnos a las calles y plazas, y recorrerlas en busca de esos rincones donde se encuentran los ejemplares arbóreos más emblemáticos de la ciudad. 38 ejemplares distribuidos por todo el casco urbano y que han sido catalogados en el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) como de especial protección en virtud de su edad, porte, forma o rareza en el contexto urbano.

Sequoia del canal de Castilla, en el barrio de La Victoria

Sequoia del canal de Castilla, en el barrio de La Victoria

Como cabe esperar de un catálogo de árboles urbanos, la mayor parte de los especímenes pertenecen a especies alóctonas, ya que, por tradición, el arbolado urbano se ha nutrido de especies de otros lugares del mundo, bien por sus características morfológicas, bien por su rareza o adaptabilidad. En este primer grupo se encuentran las imponentes sequoias de los barrios de la Victoria y la Overuela, ambas con cerca de 200 años de edad y más de 35 metros de altura; los cedros de El Campo Grande, Plaza San Pablo, Arco Ladrillo, Paseo Juan Carlos Primero o el vivero forestal, todos ellos con alturas que oscilan entre los 20 y 25 metros; los cipreses de Campo Alba y el instituto Zorrilla; el sauce llorón y el olmo siberiano del Paseo de Las Moreras; o la albizia de la calle Urano en el barrio de La Victoria, ejemplar incluido en el catálogo en virtud de su rareza en la ciudad.

Entre las especies propias de la península ibérica destacan la gran encina del Campo Grande, que con sus más de 25 metros de altura se erige como uno de los arboles más impresionantes del parque; el tejo del Viejo Coso, también de gran interés al ser una especie adaptada a ambientes más húmedos y frescos; el álamo negro del Campo Grande, con alrededor de 30 metros de altura; el saúco de la calle Santuario, perteneciente a una especie que suele presentar porte arbustivo, pero que en el caso de este ejemplar, con más de 80 años de edad, el porte es arbóreo y presenta varios troncos principales; o los almeces del Paseo del Cementerio, otra especie con escasa representación en la ciudad.

Contemplar estos árboles vetustos o de enormes dimensiones puede servirnos de acicate para reflexionar sobre cuál debe ser nuestro papel dentro de este impresionante entramado que es la biodiversidad, así como sobre cuáles son las actitudes que, como beneficiarios de la misma, debemos adoptar.

El Museo de la Ciencia quiere contribuir a nuestra reflexión sobre estas dos ideas e invita a los ciudadanos a visitar la exposición ‘Enarbolar, Grandes árboles para la vida’ y conocer el significado que estos gigantes ancianos tienen para la sociedad y para los habitantes de los pueblos y ciudades en los que se ubican.

Las fotos corresponden a la sequoia del canal de Castilla, en el barrio de La Victoria, y a los cedros de la plaza de La Trinidad. En el siguiente enlace puedes acceder a una aplicación que ubica geográficamente los ejemplares y muestra una imagen de cada uno de ellos.

https://www.google.com/maps/d/viewer?mid=z_dwEBgdrBDo.kMSH_CerFMwU&hl=en_US

Qué observar en el cielo en el mes de julio

Lunes, 6 de Julio de 2015 Comments off

En este comienzo del verano todavía podemos recordar algunas de las constelaciones de primavera que podrían servirnos de referencia para localizar las de verano. Es el caso de El Boyero (recordad cómo se encontraba). Su estrella principal, Arturo, sigue siendo de las más brillantes del cielo, por lo que situarla es fácil.

Más a su izquierda tenemos una especie de mariposa que, junto algunas estrellas más, forma la constelación de Hércules, el “Hombre Arrodillado”, el gran héroe. De los doce trabajos que realizó, algunos, según la leyenda, están en el cielo como constelaciones para ser recordados. Anteriormente, ya vimos las constelaciones de Leo, Cáncer o el Dragón.

En la parte alta del cielo tenemos un viejo conocido, el Triángulo de Verano, formado por las estrellas más brillantes de tres constelaciones: Vega (de la Lyra), Altair (del Águila) y Deneb (del Cisne). Cisne es al animal en que se convirtió Zeus para seducir a Leda, y Águila sería una de las aves estínfalas contra las que luchó Hércules, mientras que Lyra (Lira) representaría el instrumento de Orfeo, con el que componía una música que agradaba a los dioses. La Vía Láctea que atraviesa el triángulo es uno de los objetos más bellos e impresionantes del verano, especialmente cuando observamos lejos de zonas con luz y en noches sin Luna.

Siguiendo la Vía Láctea hacia el horizonte sur, nos encontramos en ella un abultamiento. Es el centro de nuestra galaxia. Muy cerca podemos observar con prismáticos, gran cantidad de conjuntos de estrellas, llamados cúmulos globulares, unos con más estrellas que otros. A la derecha del centro galáctico se sitúa la constelación del Escorpión (Scorpio), que representa un escorpión con la cola preparada para atacar. Su forma es una de las más sencillas. Destaca su estrella principal, Antares, una estrella de tipo súpergigante de color rojo, que se puede apreciar muy fácilmente a simple vista.

A la izquierda tenemos la constelación de Sagitario, que representa una figura un tanto complicada, un centauro con arco y flecha. Si tenemos en cuenta que, al menos desde aquí, queda bastante bajo con respecto al horizonte, con lo que se reduce el brillo de las estrellas, y que la mayor parte de las estrellas que componen la constelación son bastante poco brillantes, el reconocer la figura completa en el cielo es una tarea un tanto complicada. Por ello se ha creado una figura sencilla con las estrellas brillantes de la constelación, una tetera, la denominada ‘tetera de Sagitario’.

Dentro de los objetos fáciles para la observación, tenemos la cabeza del Cisne, la estrella Albireo. Se sitúa dentro de la franja de la Vía Láctea, hacia el centro del llamado ‘Triángulo de Verano’. Esta estrella es en realidad una estrella doble, aunque no sabemos con certeza si están gravitacionalmente unidas. Si es así, tardarían en dar una vuelta una en torno a otra al menos 75.000 años. Con pequeños instrumentos es fácil separarlas y observar la diferencia de brillo entre las dos componentes, así como su color, amarillo-anaranjado para la más brillante, azulado para la compañera. Es realmente una pareja inolvidable.

Hacia la derecha del Triángulo de Verano, y antes de tropezarnos con el Boyero, tenemos la constelación de Hércules, el héroe. Ya os comentábamos que en cielo se puede ver la parte más brillante como una mariposa. Hacia la parte de arriba, en el borde de la derecha, se puede observar con prismáticos un objeto con forma esférica y brillante. Es un cúmulo globular llamado M13. Con pequeños telescopios podemos observar que está compuesto por una enorme cantidad de estrellas. Los cúmulos globulares son objetos muy viejos casi tan viejos como nuestra galaxia, y se encuentran situados en una región llamada halo, que rodea el centro de la galaxia. Así que si dirigimos el telescopio hacia esa zona y alrededores (recordad que el centro se sitúa entre las constelaciones de Escorpio y Sagitario), podremos encontrar unos cuantos.

No olvidéis que seguimos viendo Saturno junto a la cabeza de Escorpio, muy fácil de encontrar, y que a primera hora de la noche, e incluso durante el final del atardecer, podemos ver cómo Júpiter y Venus se van alejando entre ellos.

Y recordad, si tenéis cualquier tipo de duda o pregunta sobre observación, objetos o telescopios, no dudéis en escribirnos al planetario@museocienciavalladollid.es, o bien os esperamos en las sesiones del Planetario.

Planetario

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