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Archivo para Abril, 2014

Charla “¿Creó Dios los fósiles? El diseño inteligente y la teoría de la evolución”

Lunes, 21 de Abril de 2014 1 comentario

“¿Creó Dios los fósiles? El diseño inteligente y la teoría de la evolución” fue la última de las conferencias del IV ciclo “Increíble pero falso”, actividad organizada por el Museo de la Ciencia de Valladolid y el Centro Buendía de la Universidad de Valladolid.

Carolina Martínez Pulido durante su charla en  el Museo de la Ciencia

Carolina Martínez Pulido durante su charla en el Museo de la Ciencia

En esta ocasión, Carolina Martínez Pulido, Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la Universidad de La Laguna,  fue la encargada de debatir con los asistentes algunas de las múltiples facetas de esta apasionada polémica, considerando como premisa básica “que la fuente del conflicto para la ciencia no es la religión sino el dogmatismo”.

Martínez Pulido explicó que la ciencia tiene como objetivo analizar lo que no entendemos desde la convicción de que puede explicarse sin necesidad de recurrir a fuerzas sobrenaturales, misteriosas o mágicas; mientras que el “diseño inteligente se esfuerza en mostrar la mano de Dios dando forma a la naturaleza”.

Sin embargo, el diseño inteligente no es una idea novedosa o reciente, sino que hunde sus raíces muy atrás en la historia del pensamiento humano.  Y es que, según explicó Carolina Martínez Pulido “la teoría de la evolución es una recién llegada a la historia humana y difícilmente podría esperarse que la Teología cediera parte de su territorio sin luchar”. Por ello, desde la época de Darwin ha existido un fuerte debate entre quienes defienden la acción directa de Dios en la creación de los organismos vivos y los biólogos evolucionistas.

Una discusión que se resume en esta charla, de la que os dejamos el podcast listo para escuchar.

Qué ver en el cielo durante el mes de abril

Miércoles, 9 de Abril de 2014 Comments off

Y llegó abril. Y aunque este mes, al parecer, no va a ser demasiado lluvioso, podría llover de día y despejar de noche, para que podamos disfrutar de la observación del cielo durante este mes.

Como siempre que comenzamos estación, durante el primer mes el cielo “comparte” constelaciones con la estación anterior, en este caso el invierno; por lo que, hacia el horizonte oeste, podemos ver parte de Orión, Tauro o Géminis, por poner sólo algunos ejemplos.

Si comparamos las estrellas que podemos ver hacia el sur durante la primavera, con las que hemos visto durante los meses de invierno, veremos que hay diferencia en el brillo. Mientras que en invierno tenemos gran cantidad de estrellas, y una buena parte de ellas son bastante brillantes (con constelaciones fáciles de identificar), durante la primavera también tenemos un buen puñado de estrellas, pero la proporción de estrellas brillantes es baja, por lo que identificar las constelaciones características de esta estación nos puede resultar un poco más complicado.

La mejor forma de localizar estas constelaciones primaverales es tomar como referencia a nuestra vieja conocida, la Osa Mayor, o mejor dicho, la parte posterior de la osa, lo que sería la cola de la misma, o bien el mago de la sartén o el tiro del carro. Las tres estrellas de la cola forman una curva que podemos continuar hacia abajo a la izquierda, hasta llegar a una estrella brillante de color anaranjado. Es Arturo, la estrella más brillante de la constelación del Pastor de Bueyes, también llamada El Boyero. Ésta es una constelación de origen romano en la que Arturo es el comienzo de las piernas, y hacia arriba, como una especie de cometa tradicional, encontramos el resto del cuerpo con los brazos. Dado que es un pastor de bueyes, seguramente los bueyes no anden muy lejos. Efectivamente, los romanos veían los bueyes en las siete estrellas del carro de la Osa Mayor (si ya os ha costado ver algunas figuras en grupos de estrellas, imaginar un buey en una….) y el pastor cuidaba de los siete bueyes del cielo. Resulta que “siete bueyes” en latín, se dice septem (siete), triones (bueyes), por lo que esta parte del mundo donde se ven los “siete bueyes”, los “septem triones”, se conoce como hemisferio septentrional. Y el nombre de Arturo proviene, según algunos estudios, del griego Arct Oroi, que significa “el que guarda las osas”, ya que en la tradición griega, es el encargado de que las osas sigan persiguiéndose indefinidamente, manteniendo el movimiento de la esfera celeste.

Continuando la curva desde Arturo, llegamos a otra estrella brillante, no tanto como Arturo, aunque la más brillante de la zona. Se llama Espiga (Spica, en latín), y es la estrella principal de la constelación del zodíaco Virgo. Esta constelación, según algunas tradiciones, representaba a la diosa griega de la agricultura, Demeter, la diosa de la primavera. Sus estrellas principales como Espiga o Vindemiatrix, marcaban a los agricultores de la antigüedad algunas de las principales épocas de labor del campo. Es una de las constelaciones más extensas del cielo, como también lo es, si recordáis, la Osa Mayor.

Hacia la derecha de Virgo y algo hacia arriba, podemos ver, justo debajo de la Osa Mayor, una conjunto de estrellas relativamente brillantes, una parte de las cuales parece tener la forma de un interrogante. Ese conjunto forma la constelación de Leo, el león de los trabajos de Hércules, el león del bosque de Nemea, al que nadie podía matar debido a su durísima piel y que aterrorizaba a los habitantes de la ciudad de Nemea. Hércules se enfrentó a la fiera solamente con la fuerza de sus brazos, y durante la lucha, consiguió agarrarle del cuello y le mató. Según la leyenda, Zeus colocó al león en el cielo como constelación para ser recordado por las generaciones siguientes. Entre sus estrellas destacan Régulo y Denébola. La primera significa “el pequeño rey”, y en las tradiciones medievales, su aparición en el cielo anunciaba el nacimiento de un rey. Por su parte Denébola significa “la cola del león”.

En mayo os contaremos más cosas de otras constelaciones primaverales que también se pueden ver.

Para terminar esta primera parte de observación, vamos con dos objetos sencillos de observar. El primero es nuestro ya viejo conocido Júpiter, que en este comienzo de primavera se puede observar en la primera parte de la noche. No hace falta volver a contar lo que podemos observar en él.

Oposición de Marte

Oposición de Marte

Aunque sin duda, el planeta estrella este mes es Marte, ya que se situará en oposición el día 8, manteniendo en el cielo un brillo impresionante, con su característico color rojizo. Durante los días siguientes Marte se irá alejando paulatinamente de nosotros hasta la siguiente oposición dentro de poco más de dos años, el 22 de mayo de 2016. Sin embargo, seguirá acercándose a nosotros hasta el próximo día 14, por lo que hay que aprovechar estos días para observar el planeta, ya que a simple vista es un gran espectáculo por su brillo y color, y, ya que está cerca de nosotros (unos noventa millones de kilómetros), podremos observar algunas características del relieve marciano con instrumentos sencillos, y de los que antes no disponíamos.

Hay que dejar claro qué ciertos detalles, salvo con instrumentos grandes, no podremos apreciar, pero podremos diferenciar, por ejemplo, los casquetes polares, o, con paciencia, las diferencias en la superficie entre las partes altas (más brillantes), y las partes bajas (más oscuras). Si os comentan, o recibís algún correo del tipo: “Marte se verá a simple vista como la Luna llena”, ni caso. Es un correo falso que lleva circulando unos cuantos años, y que suele volver cada vez que Marte se aproxima.

Saturno, en la cosntelación de Libra

Saturno, en la cosntelación de Libra

El segundo objeto que podéis observar es otro planeta, el Señor de los Anillo, Saturno, situado en la constelación de Libra, perteneciente al verano. Por ello se podrá ver en la segunda parte de la noche durante la primavera, pero mejor en el verano. Aún así, a simple vista es fácil confundirlo con una estrella, a menos que nos fijamos en su forma de brillar, ya que las estrellas tiemblan y los planetas no. Brilla bastante menos que Júpiter, ya que es más pequeño y se encuentra a mayor distancia de nosotros. Con unos prismáticos, si son más o menos buenos, estamos bien asentados, y tenemos suerte, podremos ver, como mucho, una forma ovalada, como un balón de rugby, ya que se produce un efecto óptico de unión del brillo del planeta con el brillo de los anillos. Con telescopios medianos, con suerte, podremos ver que ya distinguimos entre el planeta y los anillos, e, incluso, podremos ver al principal satélite de Saturno, Titán. Con telescopios más grandes, como siempre, podremos ver más detalles: una división principal, llamada división de Cassini, que separa la parte más brillante de la menos brillante; o incluso otra división, más pequeña, dentro de la zona menos brillante.

Los anillos están compuestos por fragmentos de rocas y hielo que se encuentran ordenados en hileras en torno al planeta. Una mayor concentración de fragmentos hace que se refleje más luz del Sol y que brille más, mientras que una concentración menor hace que brille menos. Como curiosidad: Saturno es un planeta poco denso, lo que significa que, si tuviésemos un océano suficientemente grande, el planeta flotaría.

Y recordad, si tenéis cualquier tipo de duda o pregunta sobre observación, objetos o telescopios, no dudéis en escribirnos al planetario@museocienciavalladolid.es, o bien os esperamos en las sesiones del Planetario.

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