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Archivo para Lunes, 8 de Abril de 2013

Qué observar en el cielo durante el mes de abril

Lunes, 8 de Abril de 2013 Comments off

Y llegó abril, y seguimos con las aguas mil… Precipitaciones que son necesarias para el campo, para los embalses… pero que impiden que podamos disfrutar de la observación del cielo durante este mes.

Como siempre que comenzamos estación, durante el primer mes el cielo “comparte” constelaciones con la estación anterior, en este caso con el invierno, por lo que, hacia el horizonte oeste, podemos ver parte de Orión, Tauro o Géminis, por poner algunos ejemplos.

Si comparamos las estrellas que podemos ver hacia el sur durante la primavera, con las que hemos visto durante los meses de invierno, veremos que hay diferencias en el brillo. En invierno tenemos gran cantidad de estrellas, y una buena parte de ellas son bastante brillantes (constelaciones fáciles de identificar); mientras que en primavera, aunque también hay un buen puñado de estrellas, la proporción de brillo es más baja, por lo que identificar las constelaciones características de esta estación puede resultar un poco más complicado.

La mejor forma de localizar estas constelaciones primaverales es tomar como referencia a nuestra vieja conocida, la Osa Mayor, o mejor dicho, la parte posterior de la osa, lo que sería la cola de misma, o bien el mango de la sartén o el tiro del carro. Las tres estrellas de la cola forman una curva que podemos continuar hacia abajo a la izquierda, hasta llegar a una estrella brillante de color anaranjado. Es Arturo, la estrella más brillante de la constelación del Pastor de Bueyes, también llamada El Boyero, una constelación de origen romano en la que Arturo es el comienzo de las piernas, y hacia arriba, como una especie de cometa tradicional, encontramos el resto del cuerpo con los brazos. Dado que es un pastor de bueyes, seguramente los bueyes no anden muy lejos… Efectivamente, los romanos veían los bueyes en las siete estrellas del carro de la Osa Mayor y el pastor era quien cuidaba de los siete bueyes del cielo. Como curiosidad, resulta que “siete bueyes” en latín, se dice septem (siete), triones (bueyes), por lo que esta parte del mundo donde se ven los “siete bueyes”, los “septem triones”, se conoce como hemisferio septentrional. Y el nombre de Arturo proviene, según algunos estudios, del griego Arct Oroi, que significa “el que guarda las osas”, ya que en la tradición griega, es el encargado de que las osas sigan persiguiéndose indefinidamente, manteniendo el movimiento de la esfera celeste.

Continuando la curva desde Arturo, llegamos a otra estrella brillante, no tanto como Arturo, aunque considerada la más brillante de la zona. Se llama Espiga (Spica, en latín), y es la estrella principal de la constelación del zodíaco Virgo. Esta constelación, según algunas tradiciones, representaba a la diosa griega de la agricultura, Demeter, la diosa de la primavera. Sus estrellas principales, como Espiga o Vindemiatrix, marcaban a los agricultores de la antigüedad algunas de las principales épocas de labor del campo. Es una de las constelaciones más extensas del cielo, como también lo es, si recordáis, la Osa Mayor.

Hacia la derecha de Virgo y algo hacia arriba, podemos ver, justo debajo de la Osa Mayor, una conjunto de estrellas relativamente brillantes, una parte de las cuales parece tener la forma de una interrogante. Ese conjunto forma la constelación de Leo, el león de los trabajos de Hércules, el león del bosque de Nemea, al que nadie podía matar debido a su durísima piel y que aterrorizaba a los habitantes de la ciudad de Nemea. Hércules se enfrentó a la fiera solamente con la fuerza de sus brazos, y durante la lucha, consiguió agarrarle del cuello y matarle. Según la leyenda, Zeus colocó al león en el cielo como constelación para ser recordado por las generaciones siguientes. Entre sus estrellas destacan Régulo y Denébola: la primera significa “el pequeño rey”, y en las tradiciones medievales, su aparición en el cielo anunciaba el nacimiento de un rey; por su parte Denébola significa “la cola del león”.

En mayo os contaremos más cosas de otras constelaciones primaverales que también se pueden ver.

Pero, para terminar esta primera parte de observación, vamos con dos objetos sencillos de observar. El primero es nuestro ya viejo conocido Júpiter, que en este comienzo de primavera se puede observar en la primera parte de la noche. No hace falta contar lo que podemos observar en él.

El otro objeto es otro planeta, en este caso el Señor de los Anillo, Saturno, hacia la izquierda de Espiga y ligeramente hacia abajo. A simple vista es fácil confundirlo con una estrella, a menos que nos fijamos en su forma de brillar, ya que las estrellas tiemblan y los planetas no. Brilla bastante menos que Júpiter, ya que es más pequeño y se encuentra a mayor distancia que él. Con unos prismáticos, bien asentados, y con suerte, podremos ver, como mucho, una forma ovalada, como un balón de rugby, efecto óptico producido por la unión del brillo del planeta con el brillo de los anillos. Con telescopios medianos, con suerte, podremos ver que ya distinguimos entre el planeta y los anillos, e, incluso, podremos ver al principal satélite de Saturno, Titán. Con telescopios más grandes, como siempre, podremos ver más detalles: una división principal, llamada división de Cassini, que separa la parte más brillante de la menos brillante; o incluso otra división, más pequeña dentro de la zona menos brillante.

Los anillos están compuestos por fragmentos de rocas y hielo que se encuentran ordenados en hileras en torno al planeta. Una mayor concentración de fragmentos hace que se refleje más luz del Sol y que brille más, mientras que una concentración menor hace que brille menos. Como curiosidad, Saturno es un planeta poco denso, lo que significa que, si tuviésemos un océano suficientemente grande, el planeta flotaría.

Y recordad, si tenéis cualquier tipo de duda o pregunta sobre observación, objetos o telescopios, no dudéis en escribirnos al planetario@museocienciavalladolid.es, o bien os esperamos en las sesiones del Planetario.

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