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Archivo para abril, 2012

Tenía que llover…

Viernes, 27 de abril de 2012 Comments off

La llegada del agua después de un prematuro período cuasi veraniego, ha provocado en muchas personas una creciente sensación de malestar con la atmósfera. El comienzo de lluvias y nevadas, coincidiendo con la Semana Santa y su continuidad posterior, ha provocado que el mes de abril se haya hecho muy largo para quienes gustan de temperaturas agradables y vientos en calma. Sin embargo, las precipitaciones que desde hace unos unas semanas se vienen produciendo de forma intermitente constituyen un regalo venido del cielo, y nunca mejor dicho, para el campo y el medio natural.

A fecha 26 de abril, los embalses de la Cuenca del Duero se encontraban al 57,4% de su capacidad total. Traducido a cifras esto significa que de los 2.772 Hm3 que pueden almacenarse, solamente 1590 estaban embalsados, 824 menos de los que había el año pasado. Estos datos dan una idea de la apremiante necesidad de agua que había, y que aun hay en el suelo y los reservorios hídricos naturales. La falta de agua ha influido de forma notoria en crecimiento de los cultivos, lo que ha provocado el riego prematuro en algunas zonas con la consiguiente detracción de agua de ríos y acuíferos, de por sí bajo mínimos.

Además de este perjuicio de ámbito más económico, la lluvia también era muy necesaria en el medio natural. Los cauces no han sufrido crecidas invernales, tan necesarias para la limpieza de los restos vegetales y sedimentos acumulados durante el verano y otoño, y actualmente sus caudales son muy escuetos. Así, el caudal del Pisuerga a su paso por Valladolid es actualmente de 46 m3/s, cuando el valor de referencia es de 847 m3/s, alcanzándose a principios del mes de marzo el mínimo de los últimos 10 años, con 19,4 metros cúbicos. Estos caudales tan exiguos pueden afectar a la reproducción de algunas especies piscícolas como la trucha común (Salmo trutta), así como provocar que las sustancias contaminantes alcancen concentraciones más altas y por tanto más peligrosas para la vida acuática.

Palos de lluvia ubicados en la Sala del Agua del Museo de la Ciencia

Palos de lluvia ubicados en la Sala del Agua del Museo de la Ciencia

Otro tipo de hábitats afectados por la sequía, y que con las precipitaciones actuales notarán alguna mejoría, es el de los humedales esteparios, muy importantes en nuestra comunidad y en la provincia de Valladolid. En años de precipitaciones abundantes estos humedales constituyen lugares muy importantes para la migración y nidificación de algunas especies de aves, además de albergar comunidades planctónicas de enorme valor. Los bosques y otras formaciones vegetales también agradecerán las últimas lluvias recibidas, ya que paliarán un posible estrés hídrico, además de ayudar a prevenir incendios como los que se han venido produciendo en algunas comarcas castellano y leonesas en los últimos meses.

Por tanto, aunque no siempre llueva a gusto de todos, bienvenidas sean las lluvias tan propias de este mes, como así recoge el refranero popular: abril, aguas mil”; “marzo ventoso y abril lluvioso, sacan a mayo florido y hermoso”.


La furia del Sol

Jueves, 26 de abril de 2012 Comments off

Inés Rodríguez Hidalgo, astrofísica, investigadora en Física Solar y divulgadora científica y actual directora del Museo de la Ciencia de Valladolid, nos relató el pasado jueves, 19 de abril de 2012, cómo es el comportamiento y cuáles son las características principales de nuestra estrella más cercana, el Sol. A raíz de los titulares publicados de forma constante en los medios de comunicación, como “La NASA descarta llamaradas solares asesinas en 2012“, Inés Rodríguez ha querido explicar la realidad científica de los fenómenos acaecidos en esta brillante estrella, como las populares llamaradas solares. Si quieres conocer más sobre la mayor fuente de energía electromagnética del Sistema Solar, escucha el siguiente podcast.

Celebrando el Geolodía 12

Miércoles, 25 de abril de 2012 Comments off

Al igual que años anteriores, Valladolid celebra el próximo 6 de mayo el  Geolodía 12. Una actividad, organizada por la Universidad de Valladolid y el Aula de Medio Ambiente de Caja Burgos, en la que colabora el Museo de la Ciencia de Valladolid, que pretende acercar a la sociedad tanto la Geología en general como la profesión del geólogo, así como explicar los procesos del funcionamiento de la Tierra.

¿Cuándo nacen los geolodías?

El origen de esta iniciativa se sitúa en la provincia de Teruel, donde en el año 2005 y en el seno del Instituto de Estudios Turolenses, geólogos aragoneses iniciaron la celebración de los Geolodías, a los cuales poco a poco, se sumaron otras provincias.

De esta forma, los geolodías, promovidos por la  Asociación Española para la Enseñanza de las Ciencias de la Tierra y el Instituto Geológico y Minero de España,  consisten en  excursiones de campo, guiadas por geólogos, que permiten disfrutar de diversos lugares bajo ‘ojos geológicos’, y vislumbrar algunos aspectos del funcionamientode  de la Tierra sobre la que vivimos y de cuyos recursos naturales dependemos totalmente.

¿Qué se hará en Valladolid?

El Geolodía en Valladolid constará de una serie de paradas por un entorno cercano con las que se pretenderá ofrecer una visión general de la geología en los alrededores de la capital.

Tras una introducción a los sistemas geológicos, se darán unas nociones sobre la historia geológica de la provincia de Valladolid dentro de la cuenca cenozoica del Duero y se describirán los materiales y rocas que se observan, prestando atención a su composición, origen y aprovechamiento minero.

Las distintas paradas se encuentran dentro de un itinerario en el que se aportará información sobre los procesos implicados en la configuración geológica de Valladolid:

Recepción de visitantes: Zona amplia junto al camino asfaltado Virgen de la Merced, a aproximadamente 200 m de la desviación a Fuensaldaña desde la Avenida de Gijón. Desde allí se indicará el acceso a la 1ª parada. Coordenadas: 41º39’43”N, 4º44’43”W

1ª Parada (2 en el plano): Antigua cantera. Sedimentos acumulados en antiguos ríos y en un lago. Aprovechamiento minero. Coordenadas: 41º 39’ 52” N, 4º 44’ 52” W

2ª Parada (2 en el plano): Plataforma sobre la cantera. Terrazas colgadas y manantial en Fuente La Mona. Coordenadas: 41º 39’ 55” N, 4º 44’ 52” W.

3ª Parada (3 en el plano): Mirador sobre el barrio de La Victoria. Valle del Pisuerga. Modelado fluvial y cerros testigo. Coordenadas: 41º39’56”N, 4º44’26”W.

4ªParada (4 en el plano): Área recreativa de Fuente El Sol. Papel de las terrazas en las aguas subterráneas. Coordenadas: 41º40’11”N, 4º44’34”W.

El trayecto se realizará a pie el domingo día 6 de mayo de 2012 de 10.00 a 15.00 horas, bajo inscripción previa, antes del  4 de mayo, en geolodiavalladolid@medioambientecajadeburgos.com

Puedes encontrar más información sobre esta actividad en:

http://medioambientecajadeburgos.org/geolodia2012valladolid/

http://www.sociedadgeologica.es

La vida interna de la Tierra (I)

Martes, 24 de abril de 2012 Comments off

Este año (2012) se cumplen 100 años de la Formulación de la Teoría de la Deriva Continental. Alejandro de Valle, químico y profesor de Cristalografía y Mineralogía de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Valladolid, nos relata  las claves de esta hipótesis, la cual ha marcado el rumbo de las posteriores investigaciones.

ALGUNOS ASPECTOS HISTÓRICOS

Se puede considerar que Alfred Wegener (1880-1930) fue el precursor de la Geología Moderna con el desarrollo de la Teoría de la Deriva Continental, en 1912.

Dicha teoría fue actualizada y modernizada hacia 1960 con la denominación de la Teoría de la Expansión del Fondo Oceánico, mediante la Tectónica de Placas.

En la obra “El origen de los continentes y de los océanos”, publicada en 1915, Wegener propone que todas las masas de tierra estaban unidas en un continente al que denominó Pangea.  A continuación fue mostrando, mediante un conjunto de mapas, como fue la ruptura del Pangea hasta formar los continentes que conocemos en la actualidad. Para ello, Wegener había realizado un gran acopio de datos geológicos, paleontológicos y climatológicos (Wegener era también meteorólogo).

Teoría Alfred Wegener

Teoría Alfred Wegener

La reacción inicial de la comunidad científica ante las ideas de Wegener fue confusa.

El geólogo sudafricano Alexander du Toit (1878-1948) demostró que los datos geológicos sustentaban la hipótesis de la deriva. En 1937 publicó la obra “Our wandesing continents” (“Nuestros continentes errantes”) donde defendía las ideas de Wegener y aportaba numerosas pruebas geológicas que las apoyaban. Demostró que el acoplamiento de los continentes debería producirse no por la línea de costa, sino por la plataforma continental, ya que la primera se encuentra afectada y modificada por la erosión.

Toit también reagrupó el continente Gondwana basándose en sus conocimientos de la geología de Sudamérica, África, Australia y utilizando un geosinclinal del Paleozoico al que denominó “Geosinclinal de Samfran”, un acrónimo de Sudamérica, Africa y Australia. Dicho geosinclinal afectó al cono sur de Sudamérica, África del Sur y Australia Oriental y se marca con un solo trazo al juntar tales continentes en el supercontinente Gondwana.

Para reagrupar los continentes septentrionales (Laurasia), utilizó los depósitos de carbón de la misma edad encontrados en el Hemisferio Norte y los llevó al Ecuador. Así reunió América del Norte, Eurasia (menos la India) y Groenlandia.

Por su parte, el geólogo británico Arthur Holmes (1890-1965) intentó dar una explicación causal para la deriva de los continentes para lo cual propuso un mecanismo que describía de manera convincente como se habían dispersado los continentes a partir del Pangea. Dicha hipótesis apareció en un trabajo de 1931 y, más tarde en su libro “Principles of Physical Geology” publicado en 1944.

El rompimiento de un bloque continental y el desplazamiento lateral, tal como lo imaginó Holmes

El rompimiento de un bloque continental y el desplazamiento lateral, tal como lo imaginó Holmes

Según Holmes, dicha explicación podía estar en la existencia de corrientes de convección del interior del manto terrestre generadas a consecuencia de la transferencia de calor desde el núcleo hacia el magma, que causan la ruptura de la placa continental y transportan los fragmentos formados alejándolos.

Así, el magma calentado por el núcleo terrestre forma corrientes centrífugas ascendentes que, al chocar contra la placa continental en la superficie se bifurcan y vuelven a introducirse. Si cuando se bifurcan se encuentran con otras corrientes que ascienden en sentido opuesto se generan zonas de tensión.

Por otro lado, si las corrientes de sentidos opuestos se encuentran y se sumergen otra vez hacia el interior aparecen zonas de compresión.

Con el tiempo, la región de tensión pierde grosor y la placa se acaba agrietando. Los fragmentos resultantes comienzan a ser transportados por las corrientes de convección.

En el área surgida entre los dos fragmentos se forma un nuevo fondo oceánico.

Con el tiempo, las zonas de compresión se hacen profundas, lo que origina que la capa basáltica de la corteza se sumerja con el magma y se originan pliegues en los márgenes de las placas, que generan cadenas de montañas y cuencas oceánicas.

Estos mecanismos ideados por Holmes servirían posteriormente para explicar la Tectónica de Placas.

A pesar de todas las evidencias anteriores, una buena parte de la comunidad científica se negaba a admitir que los continentes se mueven.

Fue ya en la década de 1960, con los conocimientos oceanográficos, cuando se hizo evidente que los continentes habían estado unidos alguna vez y ahora se estaban separando. Con ello, la hipótesis de la Deriva Continental acabó siendo ampliamente aceptada.

Diez claves sobre Derecho espacial (II)

Lunes, 2 de abril de 2012 Comments off

El escritor, jurista y guionista del programa de Planetario ‘El Juez de la Luna’, Carlos Pérez Vaquero, continúa desgranando el derecho espacial.

¿Cuándo se empezó a regular el derecho espacial?

El 14 de octubre de 1957, los soviéticos lanzaron al espacio el satélite Sputnik 1; de este modo dio comienzo la era espacial y, por primera vez, el ser humano pudo contemplar, desde el espacio exterior, la serena belleza azul de nuestro planeta, iniciándose una frenética carrera entre las antiguas superpotencias del siglo XX –Estados Unidos y la Unión Soviética– por ser los primeros en conquistar esa nueva frontera; como consecuencia, también surgió la necesidad de establecer unas nuevas “reglas de juego” y aquí, la ONU ha venido desempeñando desde entonces un papel fundamental.

¿Qué es el Corpus Iuris Spatialis?

Imagen de la sesión de Planetario 'El Juez de la Luna'

Imagen de la sesión de Planetario 'El Juez de la Luna'

En 1958 –tan sólo un año después del lanzamiento del Sputnik– la Asamblea General de las Naciones Unidas creó el Comité para la Utilización Pacífica del Espacio Exterior, con dos subcomités: uno científico y otro jurídico.

Como resultado, el 13 de diciembre de 1963, se aprobó la Declaración de los Principios Jurídicos que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del Espacio Ultraterrestre; disposición que cimentó los principios básicos de este derecho:

o   Libertad de acceso a todo el espacio así como a la órbita geoestacionaria, a pesar de las actuales reivindicaciones de algunos países (Ecuador y Colombia).

o   Igualdad de todos los Estados, sin discriminación alguna, para explorar y utilizar el espacio ultraterrestre, la Luna y otros cuerpos celestes en condiciones de igualdad, de acuerdo con el derecho internacional.

o   Cooperación: para que todos los países contribuyan a promover la ciencia y la tecnología espaciales en provecho de todos.

o   Ayuda y auxilio a los astronautas en caso de accidente, así como facilitar su regreso y la restitución de los objetos caídos.

o   Responsabilidad de los Estados: absoluta por todos los daños que cause el objeto que hayan lanzado, aunque la actividad espacial no sea pública sino privada.

o   Fines pacíficos: se prohíbe la colocación en órbita de armas de destrucción masiva.

o   No reivindicación: para que nadie pueda apropiarse del espacio ni de cualquier cuerpo celeste ni reivindicar su soberanía.

A partir de entonces, fruto del esfuerzo de Naciones Unidas por impulsar la aplicación al Espacio del Derecho Internacional y sus principios, hoy podemos hablar de un verdadero Corpus Iuris Spatialis, un Derecho del Espacio formado por cinco grandes tratados y otros documentos internacionales. Los primeros, tienen plena eficacia en todos los países que los hayan suscrito y son:

  • El Tratado General del Espacio: de 1966 –conocido como la Carta Magna del Espacio– establece las bases jurídicas para poder utilizar el espacio ultraterrestre:

o   Que más allá de la Tierra, el espacio, la Luna y los demás cuerpos celestes sólo pueden emplearse en provecho de todos los países y en las mismas condiciones de igualdad;

o   Que ningún país se puede apropiar de ellos, ni reivindicar su soberanía; de ahí el timo de quienes ofrecen parcelas en la Luna. Aunque es cierto que los tratados sólo hablan de países –y no de empresas o de particulares– nadie puede vender aquéllo que no le pertenece y que, obviamente, tampoco posee, porque de ese modo no se transmite la propiedad y el negocio sería nulo. Es tan ridículo como pretender vender el cometa Halley, un anillo de Saturno o una mancha solar;

o   Y, finalmente, todas estas actividades deben realizarse en favor de la paz y no para obtener beneficios.

Tanto estas bases como aquellos principios enunciados en 1963 fueron desarrollados en otros dos convenios posteriores:

  • Acuerdo de 19 de diciembre de 1967 sobre salvamento y la devolución de astronautas y la restitución de objetos lanzados al espacio ultraterrestre; o el
  • Convenio de 29 de noviembre de 1971 sobre la responsabilidad internacional por daños causados por objetos espaciales.

Finalmente, hay que mencionar dos tratados más

  • El Convenio de 12 de noviembre de 1974 sobre registro de objetos lanzados al espacio ultraterrestre, donde se indica que el Estado de lanzamiento es quien tiene la jurisdicción y el control sobre el objeto y el personal que se desplace dentro de él.
  • Y el llamado Tratado de la Luna, de 1979, donde se aprobó que nuestro satélite y los demás cuerpos celestes del sistema solar son Patrimonio Común de la Humanidad (Art. 11); de esta forma, se trató de impedir que la exploración –y, sobre todo, la explotación de sus recursos– pudieran generar conflictos, afirmando que la Luna no puede ser objeto de apropiación de ningún país.

Junto a esas normas –que, como dijimos, son obligatorias para los Estados que ratifiquen los Tratados– existen otros principios que sólo son recomendaciones. Desde los años 80, las Naciones Unidas han aprobado estas cuatro disposiciones:

o   Principios que han de regir la utilización por los Estados de satélites artificiales de la Tierra para las transmisiones internacionales directas por televisión (10 de diciembre de 1982);

o   Principios relativos a la teleobservación de la Tierra desde el espacio (3 de diciembre de 1986);

o   Principios pertinentes a la utilización de fuentes de energía nuclear en el espacio ultraterrestre (14 de diciembre de 1992); y

o   Declaración sobre la cooperación internacional en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre en beneficio e interés de todos los Estados, teniendo especialmente en cuenta las necesidades de los países en desarrollo (13 de diciembre de 1996).

En total, diez documentos de la Asamblea de la ONU regulan el espacio ultraterrestre.

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