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Ciencia en pictogramas: ¡Marchando una de cometas!

Miércoles, 9 de Agosto de 2017 Sin comentarios

¿Sabes que la palabra cometa tiene dos significados muy distintos? No hay que confundir una cometa (un juguete que vuela) con un cometa, que es un cuerpo celeste.

Los cometas están formados por pequeñas rocas, polvo y gases helados. Son como “bolas de nieve sucia” del tamaño de una ciudad, que viajan por el espacio.

Proceden de los confines de nuestro Sistema Solar y, cuando se acercan al Sol, se forma una envoltura de gas y polvo y una o dos colas muy llamativas.

Un cometa muy famoso es el Halley, que regresa cada 76 años. Su última visita fue en 1986. Otros cometas se acercan al Sol, lo rodean y luego se alejan y no vuelven nunca más.

 

 

 

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Ciencia en pictogramas: ¡Bichos! Puaaagh…

Miércoles, 12 de Julio de 2017 Comments off

(Artículo incluido en el Boletín Digital de Fundación Personas)

Podemos encontrarlos en los jardines, en los cultivos, en el campo y en nuestra propia casa. Los llamamos “bichos” y los ha muy diferentes.

Las mariposas, mariquitas, saltamontes, escarabajos, hormigas, moscas, mosquitos, avispas, abejas… son insectos: tienen 2 antenas, 3 pares de patas y a veces 2 pares de alas. Las arañas, garrapatas o escorpiones son arácnidos. Los ciempiés y milpiés pertenecen a la clase de los miriápodos. 

Y todos estos bichos (además de los crustáceos) son artrópodos, animales invertebrados con un esqueleto externo y apéndices articulados.

Cuando algunos bichos te parezcan asquerosos, recuerda que son muy necesarios para el equilibio de nuestro ecosistema.

Por Inés Rodríguez Hidalgo, directora del Museo de la Ciencia de Valladolid

 

 

 

 

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Relatos finalistas ‘Premio del jurado’

Viernes, 12 de Mayo de 2017 Comments off

#RELATO 1

BOLA DE FUEGO

Como consecuencia de las lluvias torrenciales de 1635, las minas imperiales de Potosí convertidas en una ciénaga, permanecían cerradas.
Aquella noche un joven inca que seguramente no alcazaba los doce años de edad fue severamente castigado. Su pecado; manifestar que había visto al dueño y señor del inframundo, el Dios Tío. En la mitología andina, incluso pronunciar su nombre, resultaba peligroso. Auténtico Dios-diablo, ofrecía protección a los mineros de Cerro Rico pero también era el responsable de los accidentes mortales que a menudo acontecían en sus dominios.
Minutos antes, el pequeño muchacho se había adentrado en una galería atraído por un extraño resplandor procedente del interior de la tierra. Allí fue recibido por una espeluznante visión que inmediatamente fue reconocida como la deidad minera. Una suerte de sapo gigante con la mirada de fuego y dos descomunales cuernos metálicos por donde emergía un denso y vaporoso calor que acompañado de un silbido atronador ascendía por las paredes de la mina hasta el reino de los vivos.
Pasado el sobresalto y después del escarmiento, a la mañana siguiente, el pequeño regresó al mismo lugar, esta vez acompañado por su padre, para averiguar lo que había ocurrido verdaderamente la noche anterior. Mientras observaban con sorpresa como cientos de mineros regresaban de nuevo a la extracción de mineral, descubrieron estupefactos a los pies de la mina, la emergencia de un formidable estanque que apenas hace unas horas no existía. Sin pronunciar palabra alguna, ni cruzar la mirada entre ellos, idéntico pensamiento asaltó su cabeza:
– Sólo el poder mágico del Dios de la mina ha podio extraer el agua del fondo de la mina en tan poco tiempo-.
Ninguno de los dos, ni siquiera con el paso de los años, averiguaría que en realidad habían presenciado el funcionado de la primera máquina de vapor en el continente americano. Un artilugio diseñado para desaguar las minas por un militar navarro, Jerónimo de Ayanz y Beaumont, en los albores del siglo XVI. El invento bautizado con el nombre de “Bola de fuego” consistía en una caldera esférica calentada por un horno de leña que producía un vapor que salía por un conducto a gran velocidad y al llegar al fino orificio de su extremo, generaba un movimiento continuo del líquido interior expulsando el agua retenida en la mina hacia fuera. Con certeza y éxito fue utilizada en las minas de Guadalcanal de Sevilla y quién sabe si una “Bola de fuego” también pudo ser utilizada en los confines del imperio donde nunca se ponía el sol.

 

RELATO #2


Era el día del lanzamiento. El cohete estaba preparado y esperaba imperturbable a que llegara el momento de la cuenta atrás. En unos minutos, todos sus sistemas se activarían y comenzaría a rasgar las capas bajas de la atmósfera.
Todas las personas implicadas en el proyecto se esmeraban para que todo funcionara según lo previsto. Sus corazones latían con fuerza, pero sus rostros mostraban una concentración absoluta: querían que todo saliera bien. El trabajo que realizaba cada persona era imprescindible y la coordinación, esencial. Después de un año de trabajo, aquel día era su bautismo de fuego.
Carolina, Paula y Javier se encontraban en las cercanías del cohete. Realizaban las últimas comprobaciones y tendrían que alejarse pronto por motivos de seguridad. Alejandra y Juan José eran los que estaban más nerviosos, ellos participaron en la construcción de la estructura y el armazón del cohete. Si cometieron algún error durante el proceso, ya no lo podían solucionar, el lanzamiento era inminente. En la misma tesitura se encontraban Andrés y Zaida, ellos crearon la plataforma y el mecanismo que permitiría despegar al esbelto ingenio.
Carlos y Martina estaban encargados de documentar todo el proyecto. Esta era una parte importante del mismo. Si todo salía mal podrían averiguar por qué. Si todo salía bien podrían estudiar cómo mejorar. Santiago e Irene contestaban a las preguntas de algunos periodistas. Respondían con ilusión, con un brillo especial en los ojos, sabían que formaban parte de algo importante. Irene explicaba las fuerzas físicas que entrarían en juego en el momento del lanzamiento.
Una multitud se había congregado en las cercanías del cohete: niños y adultos. Un perímetro de seguridad mantenía alejada a la gente. Sin embargo, los presentes no parecían preocupados, sino expectantes. Observando sus caras también podía apreciarse orgullo. Estaban viendo el nombre de su pequeña ciudad serigrafiado en el cuerpo de un cohete, algo que no es habitual.
La megafonía emitió un aviso. Una voz grave anunció que quedaba un minuto para el momento crucial. Todos se habían alejado ya del cohete. Zaida estaba en el control de lanzamiento, ella sería la encargada de activar el sistema de despegue. La gente sonreía. La voz avisaba por megafonía: debían estar atentos, todo sucedería muy rápido. Diez, nueve, Carolina cruza los dedos, seis, Santiago aprieta sus puños, tres, dos, uno…
El cohete salió disparado hacia arriba con una aceleración brutal. Todos levantaron la cabeza y pudieron verlo elevándose. Llegó tan alto que apenas era un punto en el cielo. No se había quemado ni una gota de combustible, el cohete funcionaba con aire comprimido y agua. En un momento determinado, una mancha oscura pareció desprenderse del cohete. La gente empezó a murmurar, pero los participantes en el proyecto dibujaron una sonrisa pícara: era una pequeña sorpresa y, por suerte, había salido bien. El cohete de plástico comenzó a descender frenado por un pequeño paracaídas. Finalmente aterrizó de forma suave en las proximidades del lugar del lanzamiento. La gente aplaudía emocionada y hablaba sobre el futuro de aquellos jóvenes.
Aquel cohete no llegó a estar en órbita, ni llevó a alguien a la Luna, pero llevó lejos la ilusión y la curiosidad del grupo de niños de once años que trabajó en el proyecto. Ya estaban pensando y debatiendo en cómo mejorar su cohete. Sus profesores se sentían orgullos. Aquel día, en aquella pequeña ciudad española, la ciencia ganó un grupo de jóvenes promesas y la gente comenzó a soñar con el futuro.

 

RELATO #3


 ROMÁN Y SABINO

Román, con ropa color tabaco y ojos rubios estaba sentado junto a la ventana, en la mesa de siempre, con su café con leche. Eran las diez de la mañana y tres chicas caminaban elásticas, los ojos brillantes y las carpetas cubriéndoles el pecho, hacia la facultad de Físicas.

—  ¿A dónde irán esas? ¡Pero qué se creen!

— ¿Pero se puede saber qué majaderías dices? –dice Sabino, con su cabeza llena de ondas blancas y su blanca barbita. ¡Vives en un mundo que no existe desde hace 50 años! Las chicas son hoy mejores en la universidad que sus compañeros. Sin ir más lejos mi nieta Laura ha acabado Biotecnología y está haciendo la tesis estudiando el cáncer en ratones. En el laboratorio son cinco y tres de ellos – seguro que los mejores- son chicas.

— ¡Vale, vale! Pero no lo decía por ser mujeres. Me refería a que éste es el país del Quijote y de Unamuno. España siempre ha sido el baúl donde se almacena la espiritualidad de occidente. No somos cabezas cuadradas. No nos interesa inventar bombillas, lo nuestro es dotar de sentido a la vida e iluminar con nuestra sabiduría el frío conocimiento de los científicos de Europa y América. ¡Y las bombillas que ellos inventan también brillan aquí! Lo que tenemos que hacer es fomentar nuestra cultura y hacer que les ilumine a ellos.

— ¡Ay mi madre! ¡Ésta sí que es buena! ¡Román, lo tuyo no tiene remedio! Pero vamos a ver, no te has enterado de que la ciencia ha descubierto la belleza del mundo. Ha descubierto por qué brillan las estrellas y por qué las mariposas son hermosas; por qué te enamoras y por qué sientes compasión o pena. La ciencia no es fría o cuadriculada. La ciencia, hoy, es la pasión por encontrar y descubrir la verdad: pero toda la verdad, la que se esconde en los granos de polen y en el color naranja; la verdad de por qué envejeces y de por qué te enamoras, de por qué se extinguieron los trilobites y los neandertales, de por qué tus hijos se parecen a ti y de por qué te cuesta tanto dejar de fumar.

— Déjate de tonterías: la ciencia no te dirá nunca para qué estás vivo. Ni nos dota de ideales ni de una moralidad. La ciencia es puro materialismo. Y en España siempre hemos fomentado la espiritualidad y la trascendencia. Lo nuestro es la literatura y la filosofía. ¿Qué país puede presumir de un Siglo de Oro como el nuestro? ¿O de una generación del 98 como la nuestra? O de una paella, una fabada, una tortilla de patatas, un jamón serrano o un salmorejo como el nuestro?  Eso es España, no laboratorios ni salas de ordenadores. Cada uno tiene que hacer lo que hace bien.

— Mira, en eso tienes razón. Pero no en que en España seamos mejores en literatura o poesía o incluso cocina que otros países. El que tú no lo conozcas solo muestra tu ignorancia. Y tampoco es cierto que en España no seamos capaces de hacer ciencia. Nuestros jóvenes compiten de igual a igual con los mejores de Europa o América. Publican sus trabajos en revistas internacionales y obtienen becas y puestos de investigación en los mejores centros de Alemania, Estados Unidos o Japón. Y otra cosa, si la ciencia no te dice para qué estás vivo,  nadie te lo dirá. La ciencia es la única vía de conocimiento real. Lo demás son cuentos chinos. No puedes creer en relatos que apoyan su verosimilitud en una supuesta autoridad o en un lejano pasado o en dioses tan fruto de la imaginación como el pato Donald. La religión y la ciencia son incompatibles. La ciencia siempre se replantea a sí misma, siempre está dispuesta a rebatirse y a enmendarse a la luz de la evidencia. La religión, al contrario, no busca respuestas, pues ya tiene las respuestas a todas las preguntas. No se enmienda, ni corrige, ni progresa. No busca, se extasía. Por eso la religión no nos puede ayudar a entender cuál es el sentido de la vida ni qué significa el amor.

Sabino se quedó un momento callado y le devolvió la sonrisa a una de las jóvenes que caminaba hacia la Facultad de Físicas, con los libros tapando un pecho lleno de ilusiones y sueños: de ser científica, de investigar y descubrir el cómo y el porqué de todo; de hacer ciencia. Con eñe. Como España.

 

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Charla

Miércoles, 12 de Abril de 2017 Comments off
Charla '¿Quieres entender de nubes?'

Charla ‘¿Quieres entender de nubes?’

El Auditorio del Museo de la Ciencia acogió, el pasado mes de marzo, la charla ‘¿Te gustaría entender de nubes? Ven y visítanos’. Una conferencia, impartida por Jesús Gordaliza Borrego, jefe de predicción y vigilancia de la delegación de la AEMET en Castilla y León, con la que el Museo se sumó al Día Meteorológico Mundial.

¿Qué es una nube? ¿Cómo se forman? ¿Para qué nos sirve saber de nubes? Éstas fueron algunas de las cuestiones planteadas en el encuentro.

 

 

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Charla ‘Volcanes: el fuego de la Tierra’

Jueves, 17 de Noviembre de 2016 Comments off
Joan Martí Molist durante la charla 'Volcanes: el fuego de la Tierra'

Joan Martí Molist durante la charla ‘Volcanes: el fuego de la Tierra’

El Museo de la Ciencia de Valladolid acogió el martes 15 de noviembre la charla ‘Volcanes: el fuego de la Tierra’. Una conferencia enmarcada en la Semana de la Ciencia 2016 e incluida en el ciclo ‘Qué sabemos de…’, organizado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Museo de la Ciencia.

A veces se informa acerca de la pérdida de vidas y la devastación en torno a los volcanes, y en otras se habla incluso de cambios en el clima terrestre. Pero estos fenómenos pueden acarrear otro tipo de consecuencias.

Joan Martí Molist, doctor en Geología, explicó cómo “en nuestra sociedad totalmente dependiente de la tecnología, pequeñas erupciones (como la del volcán islandés Eyjafjallajökull en 2010), que habrían pasado desapercibidas hace cien años, pueden paralizar el tráfico aéreo y causar pérdidas millonarias a escala global, sin representar un peligro para la población”.

Por otro lado, Joan Martí Molist indicó que “las erupciones volcánicas, capaces de generar, local o globalmente, todos estos efectos y muchos más, también comportan importantes beneficios para el medio ambiente y el hombre”. Son parcialmente responsables del origen de la atmósfera y de la vida sobre la Tierra, de la existencia de suelos fértiles en muchas zonas del planeta, de parte de la energía geotérmica en varios continentes, y la fuente de yacimientos minerales y de materias primas para la industria.

De esta forma, en esta conferencia se repasaron algunos aspectos fundamentales del origen de los volcanes, su dinámica eruptiva y el riesgo que representan, incluidos sus efectos sobre la atmósfera y el clima, o sus impactos sobre la salud humana y las economías locales, regionales y global, así como las actuaciones para reducir el riesgo en las zonas de convivencia entre personas y volcanes activos. Se intentará dar respuesta a algunas de las preguntas más comunes sobre el impactante mundo de los volcanes, y despertar la conciencia de los asistentes sobre la fragilidad de nuestra sociedad y su entorno frente a la naturaleza, algo que deberíamos tener siempre presente.

Una interesante charla, asociada a la exposición temporal ‘Cuando la Tierra tiembla. Volcanes y terremotos’, de la que os dejamos el audio para escuchar.

 

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Serpientes, bellas e inofensivas

Jueves, 15 de Septiembre de 2016 Comments off

Pertenecen a un grupo de animales tradicionalmente odiados y temidos, las serpientes. Su cuerpo alargado, la ausencia de extremidades, el desplazamiento reptante, el movimiento eléctrico de su lengua bífida, la mirada inquietante y, sobre todo, el temor atávico y la creencia popular, hacen de las serpientes uno de los grupos faunísticos que más reacciones de rechazo suscitan, en parte por el temor a la supuesta posesión de veneno y a recibir posibles picaduras.

La realidad es bien distinta, ya que, si bien existen serpientes dotadas de colmillos con los que pueden inocular veneno (en realidad saliva modificada), también hay especies incapaces de realizar tal maldad, ya que no poseen colmillos inoculadores ni sustancias tóxicas. Incluso las serpientes dotadas de tal sistema ponzoñoso, resultan poco peligrosas, ya que no atacan a las personas a no ser que sean manipuladas o se produzca, de forma fortuita, un encuentro demasiado cercano.
En la Península Ibérica habitan 17 especies de serpientes (CSIC), de las cuales únicamente 6 poseen sistema inoculador de veneno y de éstas, solamente las 3 víboras, debido a las reacciones fisiológicas que pueden causar, se pueden considerar realmente venenosas. En el grupo más extenso, el integrado por las serpientes no venenosas, se encuentran las tradicionalmente denominadas ‘culebras de agua’, refiriéndose este término a dos especies de colúbridos, la culebra viperina (Natrix maura) y la culebra de collar mediterránea (Natrix astreoptophora), si bien solamente la culebra viperina está íntimamente ligada a los medios acuáticos.

 

Culebra viperina que habita en la Casa del Río en el Museo de la Ciencia

Culebra viperina que habita en la Casa del Río en el Museo de la Ciencia

La culebra viperina, especie que se puede observar en uno de los terrarios de la Casa del Río, es una serpiente de mediano tamaño, que generalmente exhibe un diseño característico compuesto por una banda dorsal oscura en zigzag combinada con manchas laterales romboidales. La cabeza es ancha y aparece bien delimitada, las pupilas son redondas y el iris muestra un anillo claro, amarillo o anaranjado. Es una especie absolutamente inofensiva que no muerde ni siquiera al ser manipulada, basando toda su estrategia defensiva en la huida, el mimetismo o, en casos extremos, en aparentar ser una víbora mediante el despliegue de comportamientos que reciben el nombre de ‘mimetismo batesiano’. Para ello, aplasta la cabeza, repliega el cuello formando una ‘s’ y emite bufidos, llegando a lanzar la cabeza contra el agresor, pero siempre con la boca cerrada.
La culebra viperina, que debe este apelativo precisamente a la estrategia defensiva anteriormente descrita, puede distinguirse de una verdadera víbora por su pupila redondeada, vertical en las víboras, las escamas de la cabeza, que son pocas y grandes, y la menor diferenciación de cabeza y cuello que en los vipéridos.

No obstante, la mejor forma de no sufrir accidentes indeseables en caso de encuentros fortuitos es observar los animales y no intentar manipularlos, dejarles una vía de escape y disfrutar de estos momentos, que, por lo general, en el medio natural se producen con escasa frecuencia.

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Qué observar en el cielo durante el mes de septiembre

Lunes, 7 de Septiembre de 2015 Comments off
Capricornio-Acuario

Capricornio-Acuario

Durante el mes de Septiembre, la observación del cielo no presenta grandes cambios con respecto al final de agosto. Saturno sólo es visible durante la primera mitad de la noche, dentro de la constelación de Libra, por lo que deberemos darnos prisa si queremos observarlos.

A primera hora de la noche, la visión de la Vía Láctea nos abre el apetito observacional. Si recordamos cómo utilizar este elemento como referencia, podremos encontrar las constelaciones de verano más destacadas (recordar las efemérides de agosto).

Se da la curiosidad de que Antares recibe su nombre precisamente de Marte, ya que Antares proviene del griego ‘anti Ares’, el rival de Ares (Marte para los antiguos griegos), debido a su brillo y color. Antares es una estrella de tipo súpergigante y de color rojo, un color y brillo que a los antiguos griegos les pareció que quería rivalizar con Ares, de ahí su nombre.

El inicio de la mañana estará dominado por los planetas Venus, Marte y Júpiter. El día 28 de este mes podremos observar un eclipse total de Luna visible desde toda España, que llegará al máximo a las 4:48 h (hora peninsular).

Este mes, hay que recordar, que cambiamos de estación: dejamos atrás este verano tan peculiar en muchos aspectos, en cuanto a lo climatológico, y comenzamos el otoño el día 23 a las 10:21 h (hora peninsular). Este otoño durará 89 días y 20 horas.

También podemos empezar a localizar, no sin cierta dificultad debido a su escaso brillo, algunas de las constelaciones otoñales, como por ejemplo, Capricornio o Acuario. Para su localización, podemos ayudarnos del ya conocido Triángulo de Verano, y de la fácilmente identificable constelación de Pegaso. En el espacio entre estos dos conjuntos de constelaciones, y hacia el horizonte, se pueden localizar, siempre que estemos en zonas oscuras, alejados de zonas iluminadas.

Y recordad, si tenéis cualquier tipo de duda o pregunta sobre observación, objetos o telescopios, no dudéis en escribirnos al planetario@museocienciavalladolid.es, o bien os esperamos en las sesiones del Planetario.

Planetario

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2015: EL AÑO DE LA LUZ Y LOS SUELOS

Jueves, 29 de Enero de 2015 Comments off

Dos importantes celebraciones van a tener lugar durante 2015: el Año Internacional de la Luz y de las Tecnologías basadas en la Luz, y el Año Internacional de los Suelos. Ambas, proclamadas por la Asamblea  General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Por un lado, el Año Internacional de la Luz pretende comunicar a la sociedad la importancia de la luz, y sus tecnologías asociadas, en el mundo actual, en áreas tan importantes como la energía, la educación, la salud, la comunicación…

Y es que la Luz juega un papel fundamental en nuestra vida cotidiana, habiendo revolucionado, entre otros aspectos, la medicina o la manera de fabricar productos, además de haber posibilitado el desarrollo de Internet.

Por su parte, el Año Internacional de los Suelos tiene como objetivo aumentar la concienciación y la comprensión de la importancia del suelo para la seguridad alimentaria y las funciones ecosistémicas esenciales. Un elemento esencial en áreas tan importantes como la producción de alimentos saludables, la biodiversidad del planeta o el cambio climático, entre otros.

Durante todo el año, el Museo de la Ciencia se unirá a la celebración de ambas efemérides. Por ello, estar muy atentos a nuestra web. ¡Muchas sorpresas y actividades están por llegar!

Logo del Año Internacional de la Luz

Logo del Año Internacional de la Luz

Logo del Año Internacional de los Suelos

Logo del Año Internacional de los Suelos

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Ciencia y arte

Viernes, 28 de Noviembre de 2014 Comments off
Durante una conferencia sobre cultura científica que tuvo lugar en Chile en octubre de 2013, el Dr. en Física Jorge Wagensberg contó una anécdota que le sucedió a un científico, amigo suyo, mientras paseaba con su familia por un museo. El científico, especializado en gravitación y en teoría de la relatividad general, quedó perplejo ante una famosa ilustración de Escher. La imagen, una ilusión óptica, representa a un hombre que, al mismo tiempo que baja unas escaleras, se cruza con otros hombres que la suben. Mientras gran parte del público del museo se mantenía perplejo ante los dibujos de Escher, el científico vio representado en ellos un famoso regalo que Gödel, lógico y matemático austro-húngaro, hizo a Einstein el día de su cumpleaños: una solución a su teoría de la relatividad que explica sus “hilarantes” consecuencias, la posibilidad de viajar al pasado y al futuro.
The M.C. Escher of Fire Escapes por Richard Cawood.  ©Flickr
Con la anécdota como base, bien podríamos preguntarnos si existe alguna relación entre ciencia y arte, y si la intuición despertada en el científico a partir de las ilustraciones de Escher ha sido fruto o no de la casualidad. ¿Puede la ciencia ser compatible con el arte sin dejar de ser ciencia o esta amistad está condenada al fracaso?
Tradicionalmente el arte se ha comprendido como una disciplina que intenta descubrir ciertos parámetros que nos permitan determinar qué es (o qué no es) la belleza. De esta búsqueda habrían surgido diferentes estilos, cada uno con su propio criterio para evaluar lo bello. Mientras, la ciencia se ha entendido como un ámbito que encarna valores antitéticos a los artísticos, ocupada más bien en la acumulación progresiva de conocimientos verdaderos. Dada la dificultad del arte para establecer unos criterios objetivos generales, su conocimiento quedaría asociado al terreno de lo subjetivo y lo particular, mientras que la ciencia se reservaría la exclusividad de lo objetivo.
Esta objetividad que se atribuye a la ciencia frente a otros tipos de conocimientos, como el moral o el estético, no es casual. La ciencia se ha caracterizado siempre por ser un tipo de saber que puede ser comprobado. Podemos, por ejemplo, comprobar si los enunciados que describen la ley de gravitación universal se corresponden o no con la realidad, pero no podemos utilizar ese mismo criterio de correspondencia con lo real en el arte, pues la creación artística trasciende los límites de lo real posible.
El arte trascendiendo el límite de lo real posible.
Salvador Dalí por Halsman, Philippe. ©Wikipedia
La ciencia está sujeta a constante revisión bajo un método (que, a su vez, es también objeto de revisión). Sucede que en ciencia contamos con la posibilidad de exponer y comprobar si algo es o no científico, mientras que en arte se abre un abanico con innumerables posiciones para justificar el valor artístico de algo.
¿Es esa la gran línea que marca las diferencias entre ciencia y arte? ¿Es la ciencia una actividad que dedica sus esfuerzos a revelar lo racional y lo real mientras que el arte se reserva el ámbito de la emoción y de la belleza sin poder establecer nunca un parámetro objetivo que guíe su camino?
En la misma conferencia antes citada, Jorge Wagensberg establecía la división entre arte y ciencia en que la primera era capaz de intuir, de establecer un roce entre lo que no se comprende y lo que está por comprenderse. Así, el arte es capaz de intuir sin comprender, mientras que la ciencia puede comprender sin intuir. La física cuántica, ejemplifica Wagensberg, es un hecho científico que carece de cualquier tipo de intuición empírica pero, incluso con ello, se trata de una de las ramas de la física que cuenta con más amplia evidencia empírica y la ciencia ha sido capaz de descubrir y enunciar sus leyes.
Para Wagensberg, la comprensión e intuición es lo que permitiría la complementariedad de ambas ramas. Mientras los científicos aprovechan las intuiciones que los artistas no logran comprender para descubrir y progresar, los artistas, a través de intuiciones, se aventuran en terrenos aún incomprendidos por los científicos.
Sin embargo esto no cuestiona el monopolio de la verdad que muchos atribuyen a la ciencia, más bien, parece consolidarlo. ¿Es la ciencia el único modo de conocer la realidad? Seguramente coincidamos en que la ciencia cuenta con una ventaja fundamental ya mencionada frente a otros tipos de conocimientos: con ella se puede establecer leyes que se cumplen rigurosamente bajo determinadas condiciones. Ni el arte, ni la moral (los otros dos tipos de conocimientos que considero) cuentan con esa ventaja.
Ocurre que el tipo de conocimiento moral o estético que pueden trasmitir las obras de arte es complejo de comunicar. Sabemos que se ha despertado en nosotros algo en la contemplación de la obra pero difícilmente podremos explicar con detalle cómo ha sucedido.
¿Nos ha enseñado algo El principito? © Flickr.
En este sentido Martha Nussbaum, galardonada con el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2012, afirma que el arte (concretamente la literatura) tiene una capacidad exclusiva de revelar algunas verdades de tipo moral. Milan Kundera, sin alejarse de la postura de Nussbaum, sostiene que la literatura nos permite ‘ensayar la vida’. Dado que no podemos volver al pasado para corregir nuestros actos, la literatura abre la posibilidad de ponernos ante un hipotético ‘como si’. La literatura permitiría explorar lo que podría haber sucedido en otras circunstancias de haber tomado otras decisiones. En esa proyección de la vida aprehenderíamos un modo de ser y actuar que un conocimiento científico raramente podría explicar.
Parece ser que el arte sí trasmite un tipo de conocimiento pero, aunque podamos aprender algo del arte, no parece haber verdades artísticas distintas, que sólo el arte pueda proporcionar. Por el contrario, en ciencia sí existe esa especificidad. Hay verdades que sólo ella puede revelar.
Compleja situación pues, en cuanto marcamos un posible límite entre ciencia y arte, la historia nos recuerda que grandes científicos como Copérnico, Galileo, Poincaré o Einstein han hablado claramente respecto a la estética en su disciplina. Algunos incluso afirmando que la belleza es la principal motivación para hacer ciencia.
Estudio de embriones por Leonardo Da Vinci. ¿Era Leonardo un artista o un científico? ©Wikipedia
La ciencia y el arte se han conformado en la historia como dos pilares fundamentales de la cultura humana. Los Estados se esfuerzan en construir Museos y Centros de Investigación, en fomentar la cultura y las ciencias. No parece ser casual. Como hemos visto, parece que en ellas se sintetizan dos poderosas formas de comprender la complejidad de lo real.
The M.C. Escher of Fire Escapes por Richard Cawood. / Flickr

The M.C. Escher of Fire Escapes por Richard Cawood. / Flickr

Durante una conferencia sobre cultura científica que tuvo lugar en Chile en octubre de 2013, el Dr. en Física Jorge Wagensberg contó una anécdota que le sucedió a un científico, amigo suyo, mientras paseaba con su familia por un museo. El científico, especializado en gravitación y en teoría de la relatividad general, quedó perplejo ante una famosa ilustración de Escher. La imagen, una ilusión óptica, representa a un hombre que, al mismo tiempo que baja unas escaleras, se cruza con otros hombres que la suben. Mientras gran parte del público del museo se mantenía perplejo ante los dibujos de Escher, el científico vio representado en ellos un famoso regalo que Gödel, lógico y matemático austro-húngaro, hizo a Einstein el día de su cumpleaños: una solución a su teoría de la relatividad que explica sus “hilarantes” consecuencias, la posibilidad de viajar al pasado y al futuro.

Con la anécdota como base, bien podríamos preguntarnos si existe alguna relación entre ciencia y arte, y si la intuición despertada en el científico a partir de las ilustraciones de Escher ha sido fruto o no de la casualidad. ¿Puede la ciencia ser compatible con el arte sin dejar de ser ciencia o esta amistad está condenada al fracaso?

El arte trascendiendo el límite de lo real posible. Salvador Dalí por Halsman, Philippe. / Wikipedia

El arte trascendiendo el límite de lo real posible. Salvador Dalí por Halsman, Philippe. / Wikipedia

Tradicionalmente el arte se ha comprendido como una disciplina que intenta descubrir ciertos parámetros que nos permitan determinar qué es (o qué no es) la belleza. De esta búsqueda habrían surgido diferentes estilos, cada uno con su propio criterio para evaluar lo bello. Mientras, la ciencia se ha entendido como un ámbito que encarna valores antitéticos a los artísticos, ocupada más bien en la acumulación progresiva de conocimientos verdaderos. Dada la dificultad del arte para establecer unos criterios objetivos generales, su conocimiento quedaría asociado al terreno de lo subjetivo y lo particular, mientras que la ciencia se reservaría la exclusividad de lo objetivo.

Esta objetividad que se atribuye a la ciencia frente a otros tipos de conocimientos, como el moral o el estético, no es casual. La ciencia se ha caracterizado siempre por ser un tipo de saber que puede ser comprobado. Podemos, por ejemplo, comprobar si los enunciados que describen la ley de gravitación universal se corresponden o no con la realidad, pero no podemos utilizar ese mismo criterio de correspondencia con lo real en el arte, pues la creación artística trasciende los límites de lo real posible.

La ciencia está sujeta a constante revisión bajo un método (que, a su vez, es también objeto de revisión). Sucede que en ciencia contamos con la posibilidad de exponer y comprobar si algo es o no científico, mientras que en arte se abre un abanico con innumerables posiciones para justificar el valor artístico de algo.

¿Es esa la gran línea que marca las diferencias entre ciencia y arte? ¿Es la ciencia una actividad que dedica sus esfuerzos a revelar lo racional y lo real mientras que el arte se reserva el ámbito de la emoción y de la belleza sin poder establecer nunca un parámetro objetivo que guíe su camino?

En la misma conferencia antes citada, Jorge Wagensberg establecía la división entre arte y ciencia en que la primera era capaz de intuir, de establecer un roce entre lo que no se comprende y lo que está por comprenderse. Así, el arte es capaz de intuir sin comprender, mientras que la ciencia puede comprender sin intuir. La física cuántica, ejemplifica Wagensberg, es un hecho científico que carece de cualquier tipo de intuición empírica pero, incluso con ello, se trata de una de las ramas de la física que cuenta con más amplia evidencia empírica y la ciencia ha sido capaz de descubrir y enunciar sus leyes.

Para Wagensberg, la comprensión e intuición es lo que permitiría la complementariedad de ambas ramas. Mientras los científicos aprovechan las intuiciones que los artistas no logran comprender para descubrir y progresar, los artistas, a través de intuiciones, se aventuran en terrenos aún incomprendidos por los científicos.

¿Nos ha enseñado algo El Principito? / Flickr

¿Nos ha enseñado algo El Principito? / Flickr

Sin embargo esto no cuestiona el monopolio de la verdad que muchos atribuyen a la ciencia, más bien, parece consolidarlo. ¿Es la ciencia el único modo de conocer la realidad? Seguramente coincidamos en que la ciencia cuenta con una ventaja fundamental ya mencionada frente a otros tipos de conocimientos: con ella se puede establecer leyes que se cumplen rigurosamente bajo determinadas condiciones. Ni el arte, ni la moral (los otros dos tipos de conocimientos que considero) cuentan con esa ventaja.

Ocurre que el tipo de conocimiento moral o estético que pueden trasmitir las obras de arte es complejo de comunicar. Sabemos que se ha despertado en nosotros algo en la contemplación de la obra pero difícilmente podremos explicar con detalle cómo ha sucedido.

En este sentido Martha Nussbaum, galardonada con el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2012, afirma que el arte (concretamente la literatura) tiene una capacidad exclusiva de revelar algunas verdades de tipo moral. Milan Kundera, sin alejarse de la postura de Nussbaum, sostiene que la literatura nos permite ‘ensayar la vida’. Dado que no podemos volver al pasado para corregir nuestros actos, la literatura abre la posibilidad de ponernos ante un hipotético ‘como si’. La literatura permitiría explorar lo que podría haber sucedido en otras circunstancias de haber tomado otras decisiones. En esa proyección de la vida aprehenderíamos un modo de ser y actuar que un conocimiento científico raramente podría explicar.

Estudio de embriones por Leonardo Da Vinci. ¿Era Leonardo un artista o un científco? / Wikipedia

Estudio de embriones por Leonardo Da Vinci. ¿Era Leonardo un artista o un científco? / Wikipedia

Parece ser que el arte sí trasmite un tipo de conocimiento pero, aunque podamos aprender algo del arte, no parece haber verdades artísticas distintas, que sólo el arte pueda proporcionar. Por el contrario, en ciencia sí existe esa especificidad. Hay verdades que sólo ella puede revelar.

Compleja situación pues, en cuanto marcamos un posible límite entre ciencia y arte, la historia nos recuerda que grandes científicos como Copérnico, Galileo, Poincaré o Einstein han hablado claramente respecto a la estética en su disciplina. Algunos incluso afirmando que la belleza es la principal motivación para hacer ciencia.

La ciencia y el arte se han conformado en la historia como dos pilares fundamentales de la cultura humana. Los Estados se esfuerzan en construir Museos y Centros de Investigación, en fomentar la cultura y las ciencias. No parece ser casual. Como hemos visto, parece que en ellas se sintetizan dos poderosas formas de comprender la complejidad de lo real.

Ignacio Díez Arauz

Estudiante en prácticas del Grado en Filosofía

Premiados del concurso de dibujo “¿Cómo es para tí un científico o científica?

Lunes, 10 de Noviembre de 2014 Comments off

El Museo de la Ciencia de Valladolid y el PRAE entregaron el viernes 7 de noviembre los premios del concurso de dibujo “¿Cómo es para ti un científico o científica?”.

Un certamen, convocado en el marco de la Noche de los Investigadores 2014, cuyo objetivo es acercar la figura de los investigadores al público infantil y juvenil, además de modificar la errónea imagen del científico chiflado que el cine y la literatura muestran a menudo.

Así, de entre más de 100 dibujos, el jurado, eligió a los siguientes ganadores:

CATEGORÍA I:

1º premio: Ruth Revilla Reguera (Cervera de Pisurega, palencia) – ¡Haciendo un ordenador!

2º premio: Álvaro Planas Esquerdo (Valladolid) – El científico pensador

3º premio: Sofía Abad García (Cervera de Pisuerga, Palencia) – El huerto científico.

CATEGORÍA II:

1º premio: Candela Hermosa Cardenal (Ligüezana, Palencia)- Todos somos científicos

2º premio: María Redondo Ochandiano (Resoba, Palencia) – El científico que creó el ébola cura

3º premio: Alejandra Álvarez Grande (Valladolid).

¡Enhorabuena a todos ellos!

1º premio categoría I: Ruth Revilla Reguera

1º premio categoría I: Ruth Revilla Reguera

2º premio categoría I: Álvaro Planas Esquerdo

2º premio categoría I: Álvaro Planas Esquerdo

3º premio categoría I: Sofía Abad García

3º premio categoría I: Sofía Abad García

1º premio categoría II: Candela Hermoso Cardenal

1º premio categoría II: Candela Hermoso Cardenal

2º premio categoría II: María Redondo Ochandiano

2º premio categoría II: María Redondo Ochandiano

3º premio categoría II: Alejandra Álvarez Grande

3º premio categoría II: Alejandra Álvarez Grande

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